domingo cristiano

Esta política es una mierda

La política actual en España es una mierda. Créame: me repugna más a mí escribirlo que a usted leerlo. Primero, por la palabra malsonante, que expresa con rotundidad el pensamiento

La política actual en España es una mierda. Créame: me repugna más a mí escribirlo que a usted leerlo. Primero, por la palabra malsonante, que expresa con rotundidad el pensamiento. Y segundo, y más importante, por el contenido mismo: alguien que está llamado a animar, levantar, construir… no debe expresarse de forma tan destructiva.

Pero callar ahora es una cobardía que atenta contra los derechos de los más débiles: es un servicio a la sociedad guardar silencio primero -cuando todos gritan-, meditar sobre todo esto y luego decir alto y claro que lo que sufrimos desde hace meses, años, no es política. Esto que padecemos es una farsa, un estercolero en el que una panda de enfermos narcisistas se revuelca en el fango de su bajeza personal y profesional.

Muy duro y mucha generalización la mía, dirán algunos sin que les falte razón. Proporcionada a lo que ocurre, contesto yo, convencido de que por aquello de la corrección política campan a sus anchas los miserables (no sólo en la política). Cómo se justifican los miles de millones defraudados. Cómo se explica este atasco institucional que nos cuesta millones de euros diarios por una nauseabunda cuestión de egos e intereses de partido. Dónde queda “la gente”, el interés general, el bien común, la defensa de los más pobres… En manos de los nuevos salvadores, no: son maestros en luchas intestinas, política de foto y micrófono. Son expertos en enfrentar a vecino contra vecino por un hediondo revanchismo ya superado con el que disimulan su incapacidad para todo lo que no sea montar una acampada.

¿Que soy injusto? Lo duro es cargarse el futuro de millones de personas, víctimas irremediables ya de este parón de Gobierno. Lo vomitivo es haber descuartizado la confianza de los más jóvenes en la política, que se carcajean ahora cuando se les habla de vocación de servicio, del valor del esfuerzo, de dedicarse a los demás. Esta consecuencia se me antoja aún más perversa que los desfalcos.

Ustedes. Sí, ustedes los políticos. Ustedes están arrasando día a día, y van muchos soles ya, la confianza en un mundo mejor, construido con el esfuerzo de todos. Porque, ¿a dónde miraremos si ustedes desfiguran la democracia, la forma menos mala de gobernarnos? Sí, ustedes bailan sobre la tumba de quienes lucharon y derramaron sangre para construir una sociedad mejor. ¡Cómo si no les esperara también un sepulcro!

Pese a todo, los cristianos estamos convocados por Dios a mantener viva la llama de la esperanza, el compromiso con el encuentro, el esfuerzo común, el diálogo que construye una sociedad para todos. No podemos tirar la toalla ni desperdiciar el voto por desesperanza, que es uno de los apellidos bajo los que se esconde el eternamente malo. Nos toca poner en su sitio a los fariseos de todos los colores, éstos que presumen de guardianes de la patria y que se han retratado inútiles para cuidar siquiera un cachorro de musaraña. Y toca erigirnos sinceramente en publicanos: transformando el mundo con la fuerza de nuestra debilidad. Sólo es fuerte quien añora la verdad, quien busca la paz y corre tras ella.

Lo otro, una mierda. Con perdón (o no).

@karmelojph

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