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por qué no me callo

El hombre de paja, el espía y las letras inglesas

Lo de Marlowe y Shakespeare, el negro y el genio colosal de la literatura inglesa, es una decepción más de esta era de desencantos.

Lo de Marlowe y Shakespeare, el negro y el genio colosal de la literatura inglesa, es una decepción más de esta era de desencantos. Pocos héroes nos quedan sin un villano a bordo. Y nos hemos acostumbrado a desconfiar de autorías y proezas. Lope de Vega escribió 1.800 obras de teatro y no podía ver a Cervantes, que fue menos prolífico pero más certero a la hora de dar en la diana de la gloria póstuma. Lope tenía éxito con las mujeres, escribía por los codos y le quitaba el empleo a Cervantes -su enemigo íntimo, pese a ser vecinos bien amistados del mismo barrio- con el gancho popular de sus comedias. Y esto fue lo que malquistó al manco de Lepanto con el Fénix de los ingenios. Los celos y la envidia emponzoñan desde siempre las relaciones humanas. Egos revueltos, escribió Juan Cruz. Las intrigas literarias son de una prodigalidad asombrosa. La verdadera literatura está dentro de ella, y en sus laberintos demoniales hay ajustes de cuentas, piratería, señales inequívocas de esclavitud, y usurpación de identidades. Christopher Marlowe era un talento aventajado y un espía de la Reina, que jugó sus cartas en terrenos peligrosos. Si lo mataron para que no hablara -sabía mucho- o simularon su muerte y le buscaron un destino clandestino y dorado en alguna parte donde escribiera sin dar señales de vida, no lo sabremos nunca o es mejor así. Pero lo cierto es que la teoría Marlowe cuestiona la paternidad de la obra de Shakespeare a Shakespeare (habría firmado los textos de Marlowe), porque era un cómico sin la altura intelectual de su producción. La figura del hombre de paja es muy literaria y fementida entre los dioses, cielos y falacias del olimpo de las letras. De manera que el tal Marlowe es, al menos, coautor del 38% de la dramaturgia shakespeariana, como acreditan estos veintitrés académicos de distintos países, que acaban de asestar un balinazo en las posaderas de Harold Bloom, que lo tiene en los altares. Todo esto va a dar mucho que hablar. No es fácil descomponer la historia de la literatura universal de cuatro siglos y tirar por tierra todos los santos de la nomenclatura oficial, con una revelación de esta naturaleza, que desentierra el mito Marlowe y entierra a El Bardo de Avon. Como un Paesa cualquier, va Marlowe y resucita después de muerto, y deja la polémica servida en bandeja fría con la cabeza de Shakespeare para que nos demos gusto entre la comidilla del brexit y los ecos del último Nobel a Dylan.

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