
Tenemos que aprender de Mandela en la actual encrucijada española”, según el periodista John Carlin. “Él tenía siempre claro que lo más importante es pactar”, declara aquí el autor de El factor humano, un libro sobre el legendario líder sudafricano que fue llevado al cine por Clint Eastwood bajo el título de Invictus. Cuando parecía que estaba en un callejón sin salida y la alternativa era solo la guerra civil, Mandela se sentó a hablar con su máximo oponente, un general dispuesto a dar la batalla, “y lo sedujo”. Cuenta Carlin que entonces se impuso a quienes en su propio partido le pedían pelear. La última vez que el periodista lo vio en Sudáfrica, ya anciano y enfermo, poco antes de morir, salió el tema. “Yo tenía razón. Porque tenemos la paz”, le dijo uno de los hombres más queridos del planeta.
La entrevista de DIARIO DE AVISOS con Carlin se realizó en dos partes. Una desde Londres y otra desde Madrid. En Londres lamentó el desaguisado del brexit: “Siento vergüenza de haber nacido en Inglaterra”, nos dijo. “Quiero ser español”, nos anuncia ya en Madrid. “Estoy tramitando la nacionalidad española; es un gesto de dignidad”.
Premio Ortega y Gasset de Periodismo, Carlin es de esos periodistas lúcidos que nos ayudan a entendernos. Amante del fútbol, alinea a Messi junto a Mozart y Shakespeare, -“es único”-, y, a pesar de sus reparos al estrellato de Ronaldo, aquí se rinde ante su olfato goleador. “Estarán hablando de él cien años”.
El periodista y escritor, que hace un año habló en Tenerife de viajes -“fue fantástico en una isla a la que todos van”-, peregrina entre ídolos carismáticos, es coautor del libro Rafa, mi historia, y no se desprende de sus personajes. Hace meses que anuncia que el atleta Oscar Pistorius, a quien conoce bien, condenado por la muerte de su novia, trataría de quitarse la vida. Y en agosto, intentó cortarse las venas.
-Dio en el clavo.
“Tristemente, acerté. En el año que transcurrió entre la muerte de su novia y su juicio por asesinato pensó en suicidarse. Y, al tener que volver a la cárcel, el tipo estaba destruido. No digo que no sea justo, él es el responsable. Y está, lo sé, en bancarrota. No tiene dinero para pagar a sus abogados. No me sorprendería que intentara suicidarse de nuevo. Lo de Pistorius fue una doble tragedia. En el instante que mató a su novia destrozó su propia vida. Su esfuerzo mental y físico no tiene comparación en términos de brutal entrega y compromiso. El haber logrado correr en los Juegos Olímpicos de Londres, con sus piernas amputadas, es único. Se convirtió en un ejemplo universal para las personas discapacitadas. Y todo eso, en tres, cuatro segundos, lo destruyó como hizo con la vida de la chica. Una historia épica y trágica”.
-Cuando se lee El Factor humano, su extraordinario libro sobre Mandela y la taumaturgia racial del rugby en Sudáfrica, uno alcanza la emoción.
“Mandela tenía claro su objetivo, pero el secreto de su éxito fue que supo pactar. De su actitud podrían aprender muchos políticos de hoy, sin excluir a los españoles. El método de Mandela, ‘yo cedo un poco, tú cedes un poco y todos salimos ganando’, no está arraigado en la mentalidad política española. Creo que ahora más que nunca hay que aprender de Mandela y reconocer que la óptima solución para tu partido puede que no sea la mejor solución para el país. Anteponer el bien nacional a intereses partidarios. Esa fue la gran lección del éxito político de Mandela”.
-Eduardo Mendoza dijo que sería la “mejor novela del año” si no fuera que todo es real. ¿Cómo recuerda la última vez que estuvo con Mandela?
“Tengo ese episodio grabadísimo en la cabeza. Lo fui a ver a su casa dos años antes de que muriera. La primera sensación que tuve fue de shock. Porque lo vi muy viejito, delgado, con su cara de pajarito. Pasé una hora sentado a su lado en la mesa del comedor, y yo creo que él estuvo mentalmente en contacto conmigo un veinte por ciento del tiempo. Me reconoció cuando llegué, me llamó por mi nombre, pero creo que después de un minuto ya se había olvidado de quién era yo. Su gran esfuerzo en ese momento no fue tanto comunicarse conmigo como lograr la hazaña de que su carne picada en el plato llegara a su boca y que la pudiera masticar. Así de frágil estaba. Pero hubo un momento en el que mencioné el nombre de un general afrikaner de la extrema derecha que quería ir a la guerra contra el proyecto democrático de Mandela. Y Mandela lo sedujo, lo convenció de que dejara las armas con su arma favorita, el diálogo y la reconciliación, y de que participara en las primeras elecciones. Cuando mencioné el nombre de ese general, se le prendió una lamparita y me dijo, ‘ah, sí, sí, el general, lo recuerdo bien, algunos de los míos me decían que yo era un cobarde, porque trataba de dialogar, pero no, ellos se equivocaron, yo acerté, porque ahora tenemos la paz’. Y ahí otra vez como que se apagó la luz y volvió a su lucha con la carne picada en el plato. Vi toda su vida política resumida en ese instante y, cuando me despedí de él, me di la vuelta, le vi la espalda y vi su cabeza disminuida, de pajarito. Fue la última imagen que tuve de Mandela y supe que nunca más le iba a volver a ver”.
-¿Sigue sintiendo vergüenza de haber nacido en Inglaterra por el brexit?
“Eso no ha cambiado, la mayoría de la gente ha votado de manera mezquina, ignorante, xenófoba y tonta. Yo estoy harto de los ingleses, en particular. Los escoceses son otra cosa. Y estoy ahora haciendo los trámites para conseguir la nacionalidad española. Es un gesto de dignidad. Algunos pensarán que es un gesto hueco y absurdo. Pero para mí como persona tiene un cierto valor. Llevo tres años en Londres, tras muchos en Barcelona, y dentro de dos, mi hijo, que estudia en Londres, tendrá 18 años; él decidirá qué hace con su vida y yo volveré a España, donde pienso vivir y morir”.
-Sorprende su afirmación de que España es “una isla de decencia y sensatez”.
“Claro, España no es tan mediocre políticamente como se cree, para nada. Basta con mirar a la locura del factor Donald Trump. Solo tienes que viajar un poco por el mundo para reconocer lo bien que realmente está España, sin olvidar la crisis de 2008. Por más desesperante que sea la parálisis política española, el nivel del debate está muy por encima de lo que hay por ahí. Y hay algo más que no hay: no hay ningún partido xenófobo, a diferencia de EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Alemania… Y eso me parece admirable. Escribí hace meses sobre el grado de confusión que reina acerca de todo en el mundo. Ahora estoy en un estado de confusión absoluta”.
-¿La respuesta es que no hay respuesta?
“Sí, mires por donde mires, si uno es honesto como periodista, no hay respuestas fáciles a los grandes problemas. Los refugiados son un problema humanitario, son los pobres miserables de la tierra y hay que ayudarles, pero genera grandes problemas sociales cuando se trata de gente que culturalmente pertenece a otro siglo distinto. Y está el asunto de Estado Islámico. ¿Qué hacer? ¿Bombardear o no bombardear? Y en lo económico, si austeridad o rienda suelta al gasto público. Y estos días lo del PSOE y Cataluña. Yo no pretendo tener la solución, creo que nadie la tiene. Hay que buscar la opción más práctica. Pero, incluso ella misma, ¿cuál es?”.
-¿Y el ciudadano Carlin cómo sobrevive a esa confusión periodística?
“Como ciudadano, uno teme enterarse de lo que pasa en el mundo últimamente. Ha habido rachas diarias de horrorosos atentados en Bélgica, Francia…, en que casi temía mirar el móvil y ver las noticias”.
-¿Teme que Trump llegue a tener en sus manos el mayor arsenal nuclear del mundo?
“Por supuesto que puede pasar. Nadie, nadie, nadie pensaba hace año y medio que este iba a ser el candidato republicano. Alguien dijo que nunca hay que menospreciar la estupidez del electorado estadounidense. El problema para mí no es tanto Trump, un absoluto narcisista, repugnante y mentiroso, que encarna casi todos los vicios terribles. Lo alarmante es que hay 40 o 50 millones de estadounidenses dispuestos a votar por este imbécil como presidente de los EE.UU.”.
-¿Podemos descartar que hoy Colombia desande el camino de la paz?
“Lo primero es que el acuerdo con las FARC ha sido algo muy bueno, pero, ante el referéndum, por experiencia, no puedo dejar de temer que sean capaces de la salvajada de decir que no”.
-¿El factor humano es lo más importante en Nadal?
“Pasé mucho tiempo con él, viajando por el mundo y viendo cómo se relacionaba con la gente. Y hay una cosa que tiene en común con Mandela: es igual de respetuoso y cortés con la reina de Inglaterra que con un camarero. Esa es una cualidad que no tiene mucha gente famosa. Y su familia es lo central. Él quería que el libro sirviera para explicar cómo no solo su famoso tío, su entrenador, sino la totalidad de su familia es la clave de todo su éxito como persona y como tenista. Ganó el oro en dobles en Río, pero tiene la edad que tiene y si vuelve a lo más alto será la resurrección deportiva más extraordinaria que yo conozca”.
-¿En esa línea, Messi tiene un libro?
“Yo creo que Messi es un genio en estado puro. O sea, para mí Messi es al fútbol como Mozart a la música, Mandela a la política, Shakespeare a la literatura. Pero descifrar el genio de Messi en palabras creo que es muy difícil, mejor observarlo sobre el campo. Ahí está todo dicho”.
-Valdano me decía que Messi le debe mucho a sus padres, por la herencia genética.
“Y a los abuelos y bisabuelos y al hombre de Neandertal; él es, por ahora, el último eslabón de esa cadena maravillosa”.
-Tras haber escrito sobre Maradona, ¿queda lugar a la duda?
“Yo vi jugar a Maradona, incluso en Argentina, donde viví. Para mí Messi es lo más grande, es el jugador más fantástico que he visto en mi vida”.
-Neymar dijo que a él le gustaría tener la derecha de Ronaldo y la izquierda de Messi.
“Incluso la derecha de Messi, el famoso gol que marcó en la temporada del quinto balón de oro, contra el Bayern de Múnich en el Camp Nou, fue un delicioso toque con la pierna derecha”.
-¿Messi, condenado por Hacienda, en qué cambia su historia?
“Me pareció extraño que se le aplicara la misma pena que a su padre, que sí creo que era consciente de que estaban haciendo cosas ilegales o que rozaban la ilegalidad. Dicho esto, Messi violó la ley y se merece su condena, si bien sospecho que si investigan a más jugadores de primer nivel, iba a haber muchas sentencias parecidas”.
-Sobre la anatomía y psicología de Ronaldo escribió el artículo La grandeza, la tristeza y la ridiculez, y me pregunto si tiene un veredicto.
“Paradójicamente, ha sido un año de segundo nivel para él, dado su altísimo listón, pero me sorprendería que, con la Champions y la Eurocopa, no ganase el Balón de Oro, asociado a la conquista de títulos. Es uno de los grandes cracks de todos los tiempos, específicamente un gran goleador; cualquiera que niegue eso no entiende nada de fútbol. Estarán hablando de él como goleador más de cien años. Pero es un personaje enganchado a la adulación, tan antagónico a Nadal, una persona con los pies en la tierra, cuya familia le recuerda, ‘tú eres nuestro Rafael, tu fama no nos impresiona”.
-El Cabildo de Tenerife mandó un abrazo a los ingleses cuando el brexit, temiendo que se rompan puentes con más de un siglo.
“La gente en Inglaterra huye de la grisura invernal y va a Tenerife. Lo peor del invierno inglés no es tanto el frío, sino las pocas horas que ves el sol. Ahora, en octubre, empieza el invierno y sabes que estás condenado a atravesar un túnel de seis meses. Por eso, si puedes, te escapas a Canarias, que tampoco queda tan lejos, y tenemos la misma hora. Es una oportunidad muy atractiva para anglosajones e irlandeses”.
-Mientras los Pedrito, Ayoze y Silva les devuelven la visita en las ligas inglesas.
“Eso es. La Premier League quizá no tenga la calidad estética de la Liga española, pero lo que sí tiene es mucho drama y dinero, y es apetecible para esos jugadores canarios y españoles en general”.
-¿Tras sus querellas con Mourinho -nuevo técnico del Manchester United-, qué sintió cuando cayó en el Chelsea?
“No sentí compasión ni piedad. Cosechas lo que siembras. Y Mourinho ha sembrado mucho mal rollo, que tarde o temprano se vuelve y te muerde. Cayó, pero quién sabe si, como Lázaro, se levanta en el Manchester United. Lo que sí parece evidente es que después de un par de temporadas, sus equipos llegan agotados física y mentalmente. Yo veo imposible que reedite el caso de Alex Ferguson: 25 años en el club. Su personalidad no transige semejante constancia”.
-¿Zidane marcará época en el Madrid?
“En este momento es un hombre válido para Florentino Pérez, que sufrió el dolor de oír en las gradas del Bernabéu el cántico de ‘Florentino, dimisión’. Echó a Benítez de manera despiadada, independientemente de lo que uno piense de Benítez, y sacó a Zidane como su escudo para ganar tiempo. Lo que nadie sabe es si Zidane va a ser un entrenador de largo recorrido o como ciertos entrenadores que fueron grandes jugadores y lo dejaron porque no tenían madera para ello. Estoy pensando en Maradona y en Bobby Charlton, una especie de Zidane inglés, que no tuvo, creo, el grado de obsesión que se necesita para ser un entrenador exitoso. Esa sería mi duda. Los entrenadores que he conocido que han triunfado son unos obsesivos, casi locos, auténticos maníacos del fútbol. No sé si Zidane lo es”.
-Guardiola en la Premier League. ¿Eligió bien?
“A Pep Guardiola lo conozco un poco. Es un tipo muy cosmopolita, un tipo sofisticado. Y sospecho que él tendría muchísimo más interés en vivir en Londres que en Manchester. Estoy hablando a nivel personal. También su mujer es muy cosmopolita. Manchester no es precisamente el centro fashion del planeta. Sospecho que si le hubieran dado a elegir, habría elegido el Arsenal”.
-¿Cómo fue su relación con Morgan Freeman (Mandela) y Clint Eastwood, que dirigió Invictus, sobre su libro?
“Mantuve bastantes contactos personales, especialmente, con Morgan Freeman, pero también con Clint Eastwood y Matt Damon, que sé que estuvo por Tenerife con la saga de Jason Bourne; tipos encantadores conmigo, nada pomposos, nada arrogantes. Me gustó mucho la película. Morgan Freeman captó a Mandela maravillosamente”.
-Un periodista de raza, si vale esta expresión, nunca tendrá los honores de un hombre de negocios retirado. ¿Es consciente?
“Claro, lo he visto ahora, al volver a Londres, y encontrarme con viejos amigos de mi edad ya jubilados, algo ridículo, que han triunfado en los negocios o como abogados. Pero, aunque yo esté, relativamente hablando, en la miseria material, no lo cambio por nada. Escribir es lo que me gusta. Es dificilísimo. Nunca es más fácil. Cada artículo es igual de difícil hoy que hace treinta años cuando empecé y trabajaba por el mundo, en Sudáfrica, en Centroamérica durante las guerras en los años 80, en Washington, en Argentina durante el régimen militar. Es lo que me llena. Trabajo, básicamente, con El País, hago cosas para el Financial Times o el Sunday Times, de Londres, y revistas en Estados Unidos, y en documentales para televisión. Tengo mucha curiosidad. Me encanta viajar y pensar que quizá muy de vez en cuando esté aportando mi pequeño granito de arena a tener un mundo mejor y menos tonto”.
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Periodista al azar
Periodista por casualidad, Carlin olió la pólvora en los años 80, de corresponsal de guerra en Centroamérica, y corrió peligros “que solo atribuyo a la ignorante valentía de la juventud”. Mucho antes de convertirse en este reputado cazador de historias luminosas, que habla un español con fina gamuza de acento inglés, era un periodista que se jugaba la vida entre Guatemala, Nicaragua y Honduras. ¿Dónde lo raptó el periodismo y a qué edad? “Nunca me interesó. En la Universidad había periódicos y jamás escribí en ellos. Pero, un día, me enteré de una vacante en un diario de Argentina y me aceptaron”. Así, por azar, uno de los mejores periodistas europeos, este hispano-británico de aspecto distraído y jovial de 60 años, autor y culto, descubrió que estaba dotado para escribir crónicas, libros y reportajes. Carlin siente debilidad por Escocia, tierra natal de su padre, de Glasgow, que murió cuando él tenía 17 años. Y semanas atrás visitó en España a su madre madrileña, de 91, en pleno postraumatismo existencial tras el brexit, que le tiene atrapado en el limbo, como Viktor Naborski (Tom Hanks), temporalmente, sin patria.
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