otras coordenadas

La pareja

La pareja es la otra parte de uno. Tres son multitud. El término me desconcierta porque más de una vez me ha dejado tirado. La culpa es mía. Me pasaba cuando preguntaba cómo está tu mujer. Vivimos improvisando.

La pareja es la otra parte de uno. Tres son multitud. El término me desconcierta porque más de una vez me ha dejado tirado. La culpa es mía. Me pasaba cuando preguntaba cómo está tu mujer. Vivimos improvisando. En la sociedad del conocimiento nos negamos a adaptarnos. Estamos en el mundo del pensamiento débil, del relativismo y de las relaciones líquidas. Creamos espacios de aparente sosiego, pero la realidad se nos rebela. La naturaleza de los tiempos es cambiante, impredecible, abierta. Somos bipolares, dioicos, bimorfos, difásicos, bisexuales, bivalvos, bixáceos, bifrontes. En cada pareja viven cuatro, dos por cada lado, como veremos.
Me inquieta la lectura institucional de la pareja, sin vínculo explícito con la familia, la pareja en su relación legal y su afección sobre el proceso de reproducción. El término pareja deconstruye el sexo y el amor y en consecuencia la familia. En apariencia ajenos al sexo y al amor, hoy decimos que tenemos pareja. Al expresarlo por el “género”, no se aprecia sexo reconocible y se esconde la naturaleza de la relación civil y sus responsabilidades mutuas y hacia terceros. Me decía ella el otro día que su pareja, con quien tiene dos hijos y con quien no se ha casado legalmente, trabaja fuera. Que era hombre y la naturaleza de la concepción conjunta la deduje. Teóricamente ni lo uno ni lo otro pudiera ser cierto, dado que solo eran pareja.

Ello pone en escena los conflictos de la “pareja”, que aquí hacemos extensivo a la política y a la sociedad civil. El mundo se ha desconfigurado y con ello las certidumbres del pasado. Negociar implica ponerte en la posición de la otra parte. Así lo ha reconocido el Nobel de este año con la Teoría del Contrato, premiando la labor de Hart y Holmström, inglés y finlandés trabajando en EE.UU., donde plantean que cualquier tipo de contrato debe comprender sus “imperfecciones”. Las asimetrías de información, las incertidumbres y la divergencia de intereses, convierten los contratos en marcos de acuerdo, donde cada parte puede mejorar su posición y en consecuencia ganan ambos. Nos da el Nobel nueva lectura sobre la remuneración de directivos por resultados, las franquicias, los copagos sanitarios, la privatización de actividades en el sector público, todos ellos temas de actualidad.

La política española no ha seguido las conclusiones de nuestros Nobeles. El “no es no” actual desconoce la naturaleza de un acuerdo. Cuando se pacta siempre intervienen cuatro, dos por cada parte. La escena española aún más abierta, porque de dos partidos hemos pasado a cuatro. Los que se sientan a pactar nunca deben cerrar el acuerdo. Este se perfecciona fuera de la mesa para volver a ella. Asombra la inmadurez de quien ha sido devorado en un mal ejercicio de la negociación y del contrato, al desconocer los límites de su parte y su obligación de acordar. El contrato no puede tener otro fin que mejorar el negocio conjunto. Lo hace cualquier pareja. Como Serrat y Sabina, que eran dos y ahora son cuatro, con Víctor Manuel y Ana Belén. Conjuntamente reducen la incertidumbre del negocio y amplían la clientela potencial, mejoran el “contrato” de las dos “parejas”. Cuatro.

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