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Margallo y la Roca

No crean que la inspiración está siempre presente en el escritor de todos los días. Hay momentos en los que las ideas brotan con fluidez, pero otras veces cuesta

No crean que la inspiración está siempre presente en el escritor de todos los días. Hay momentos en los que las ideas brotan con fluidez, pero otras veces cuesta. Pero, claro, hay veces también que los mismos políticos son providenciales en sus ayudas a los periodistas. Por ejemplo, José Manuel García Margallo, ministro de Exteriores en funciones, quiere plantar una bandera española en lo alto del Peñón, donde viven los monos. Y a mí me parece bien porque a cambio les da a los gibraltareños cosoberanía, estatus de paraíso fiscal y derribará la reja. Hombre, no está mal: los españoles podrán seguir sacando cigarrillos, escondiendo allí el dinero (dentro de un orden) sin tener que parar a dar explicaciones ni en el puesto de la Guardia Civil, ni en el de los bobbies con acento llanito. El ministro principal de Gibraltar, que es muy torpe y que vive más en España que en la Roca -porque sufre claustrofobia-, no ha entendido nada y ha puesto el grito en el Cielo. “De eso, nada”, le ha dicho a Margallo, pero lo cierto es que con el brexit ya no hay obligaciones territoriales de Europa con el Reino Unido, así que iba a tener razón Franco, aunque un poco tarde, cuando decía aquello de que “Gibraltar es como la fruta madura que se cae del árbol”. Hay que reconocer que el viejo general tuvo paciencia, porque la fruta no caía ni de coña, pero ahora va a sacudir Margallo la Roca y la fruta, a lo mejor, cae. Yo una vez fui al Peñón a darme una vuelta por los monos y la verdad es que me gustó. Allí hay una trama financiera de apaga y vámonos y un contrabando cojonudo. El ministro principal de Gibraltar no tenía que ser ese Picardo, sino Margallo.

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