Ya lo advirtió, años atrás, Alejandro Sanz. No es lo mismo ser que estar, estar que quedarse. Tampoco quedarse es igual que parar, no es lo mismo arte que hartar, vasta o bastar, listas negras o manos blancas. No dijo el cantante -se le pasó- que en lo que atañe a la ruptura en diferido del pacto por parte de los socialistas canarios y al incierto precio que van a pagar o cobrar con otro pacto (si pagan o cobran depende de cómo lo negocien), no es lo mismo ser que estar, estar que quedarse en el Gobierno.
A las puertas de la investidura de Mariano Rajoy también olvidó Sanz aludir a que no es lo mismo para el tablero político local que se perpetúe el guerracivilismo entre populares y socialistas o -como así será- que a raíz de la abstención socialista PP y PSOE reabran los canales de comunicación, engrasen el diálogo, se conozcan un poco mejor, empiecen a verse con más frecuencia, borren las líneas rojas del siglo anterior y, viéndose arriba porque el roce hace el cariño, que terminen trasladando su gran coalición -de perfil aún bajo- a los escenarios municipales y autonómicos. Uf. Ojo. El 28 de junio se escribió aquí, y hoy toca recuperarlo, que si finalmente PP y PSOE recuperan la conversación la nueva política debutará -paradójicamente- de la mano del bipartidismo; y, ya metidos en faena, que tal escenario provocará una onda de normalización, una dinámica según la cual los acuerdos PP-PSOE o PSOE-PP se incorporarían al paisaje y al abanico de pactos posibles. Sobra decir que, si eso ocurre, Coalición perdería la centralidad, pasando a ser una entre otras y, a partir de ahí, se abriría la puerta a que en cualquier momento, aquí, en las Islas, porque no es lo mismo ser que estar o estar que quedarse, PSOE y PP salgan del armario para anunciar una gran coalición sin Coalición.
