Cuando por los cauces ordinarios una negociación se eterniza sin avance alguno hay que ir más allá, echarle imaginación, resetear, tener la paciencia que se requiere para volver a la casilla de salida; se impone, sobre todo, el atrevimiento, desmelenar el espacio donde se negocia. Han pasado treinta días desde que Coalición y PSOE se sentaron por primera vez para dar forma a otro pacto. Han transcurrido mil y una noches con los contribuyentes de las Islas asistiendo perplejos a una crisis de Gobierno que no saben cerrar (o, peor aún, que no saben si quieren cerrar). Tanto ha durado esta ruptura en diferido que los negociadores han terminado haciéndose amigos; claro que no basta, no es suficiente porque salvo ellos nadie se habla con nadie, nadie se fía de nadie, nadie sabe ya de qué va la partida envenenada que están protagonizando. Se impone refrescar la conversación. Agotadas las mecánicas de toda la vida es necesario que lo intenten con una negociación más naif. A la vista está que la mesa del pacto la compraron en Ikea, que o no saben armar la mesa o alguien perdió la llave que viene en la caja con el resto de las piezas.
A CC y PSOE sólo les queda una última oportunidad, un último cartucho para salvar los muebles. Los negociadores deben intentarlo reuniéndose en el restaurante nudista que van a abrir en Granadilla. Ya que vestidos no hay forma de ponerlos de acuerdo, si las cosas no caminan con lo puesto por qué no intentarlo desnudos. La situación exige innovar, atreverse, transparentar y mirarse a los ojos -sobre todo cuando se acerquen al bufé o hagan cola en el baño-. Si realmente quieren reconducir el pacto, si pretenden reconstruir el Gobierno, que el pudor no les pinte líneas rojas. Si sale bien, y atendiendo al nombre del restaurante, será recordado como el pacto del Innato.
