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El pacto del paraguas bajo la lluvia

Aquella foto impagable del miércoles con los Hernando -Antonio y Rafael- bajo un mismo paraguas, mientras llovía sobre Madrid, en el desfile de la fiesta nacional, expresaba el instante político que vive el país: los dos partidos supervivientes de la transición del 78, PP y PSOE, protegiéndose de la que está cayendo

Aquella foto impagable del miércoles con los Hernando -Antonio y Rafael- bajo un mismo paraguas, mientras llovía sobre Madrid, en el desfile de la fiesta nacional, expresaba el instante político que vive el país: los dos partidos supervivientes de la transición del 78, PP y PSOE, protegiéndose de la que está cayendo. De tal manera que los portavoces del bipartidismo claudicante simbolizan la santa abstención y el gobierno en minoría, dos conceptos hermanados a estas alturas de la semántica política que nos domina.

La palabra pánico que enarbola la gestora socialista en esa diáspora del no es no a la abstención no concita, como es sabido, el consenso interno entre las dos almas del partido. Ahora el problema es cómo enuclear el no de la célula del PSOE con tal de implantar la abstención en su carga genética, y hacerlo sin fractura del organismo. Los siete diputados catalanes, salga Iceta o Núria Parlon en las primarias de hoy, seguirán impactando noes en el gañote del PP, como lo harán, a su vez, Sánchez y otros siete u ocho de su corte. O sea, que 15 o 20 de 85 (incluido el canario Quevedo) consumarían la indisciplina de voto si el comité federal del 23 (fecha probable) acuerda abstenerse. ¿Se lo puede permitir un partido fragmentado cogido con pinzas? No. Y este es un no elemental, mientras se cocina la abstención en el hornillo de atanor de un comité federal que o bien cura al PSOE de todos sus males o lo manda al cementerio de la socialdemocracia europea. Así que caben las vías alternativas: los diputados ausentes, la libertad de voto, la abstención compartida (con el PNV). O cierra el paraguas y vámonos, Hernando.

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