Esto funciona así. Uno cuenta la actualidad, pero cuando la cuenta tantas veces en sitios tan diferentes, se le acaba el gas. Y es terrible, porque sin gas no se puede escribir. El gas te lo aportan las noticias que circulan, pero exclusivas ya no hay. Han nacido tantos periódicos y tantos periodistas, chimbos o de raza, que es imposible conseguir una exclusiva y más con mi estilo tradicional: que me la vengan a ofrecer. Luis Maffiotte escribió el catálogo de los periódicos canarios. Son cientos de ellos. A mí me regaló los dos tomos de 1905, encuadernados en tela, mi maestro, el profesor Ángel Benito, cuando me doctoré en la Complutense, bajo su dirección. Y el otro día, en Madrid, junto a mi hotel, me topé de frente con una librería para bibliófilos, en la plaza de San Martín. Paseaba con mi amigo Félix Lam, fotógrafo que fue de Celia Cruz. Entramos. Pedí las fichas de Canarias y me encontré con los dos tomos del Catálogo de Maffiotte, nuevecito, por 80 euros, o algo así. Hice un esfuerzo y los compré. Qué gozada repasar los periódicos que existieron en Canarias hasta ese año, que fueron un montón. Los libros antiguos son como un regreso al pasado. Yo soy muy aficionado al cine de regreso al pasado, con la esperanza de que un día podamos evitar la muerte de nuestros seres queridos, cambiar el signo de la historia. Ya sé que es imposible, pero uno también se alimenta de ilusiones. Aún sin gas, esta noche he podido contarles mi compra estupenda en una librería para bibliófilos. Si ustedes hubieran sentido el olor de aquel lugar; este es el auténtico viaje en el tiempo, mientras en Madrid, en Recoletos, se celebra la feria del libro viejo y antiguo, que no es lo mismo.
Se me acabó el gas
Esto funciona así. Uno cuenta la actualidad, pero cuando la cuenta tantas veces en sitios tan diferentes, se le acaba el gas
