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Tambores lejanos

Un amigo que viene de Venezuela me alerta sobre los populismos. No hace falta, yo sé lo que son los populismos, los de derechas y los de izquierdas, los de Trump y los de Maduro

Un amigo que viene de Venezuela me alerta sobre los populismos. No hace falta, yo sé lo que son los populismos, los de derechas y los de izquierdas, los de Trump y los de Maduro. No me imagino el maletín nuclear en las manos de Donald Trump, ni tampoco el CNI en las de Pablo Iglesias. No me imagino ya un país, España, sin demagogos baratos, que lo han puesto todo patas arriba. Ya no es por la ideología extrema, que esto a mí me da igual, es sencillamente por las formas. Niños de teta en los escaños del Congreso, anoraks raídos colgados en los asientos, peinados de dudosa reputación. Todo esto ha convertido a España en un circo. Ayer dio gusto ver a nuestras fuerzas armadas cuando desfilaban y eran aplaudidas en Madrid, a su paso por sus calles en el día de la Fiesta Nacional. Sin embargo, algunos brutos han renegado de esta efeméride, que se celebra desde tiempo inmemorial, bajo cualquier régimen político que le haya tocado vivir a España. Los perfectos ignorantes que confundieron el 12 de octubre con una fiesta franquista no demuestran sino su analfabetismo más barato y terrible y la negación de cualquier atisbo de inteligencia. Esto es lo que me molesta. La gente no estudia y, como no estudia, no sabe. Hemos convertido a España en un territorio de ignorantes, que regresa al pasado y no tiene ninguna ilusión por el futuro. No es sólo un ataque de pesimismo el que estoy sufriendo, que también, sino la tristeza porque este país haya abandonado el sentido común y se haya entregado a las fauces de los demagogos. Qué pena, porque tampoco mantengo la ilusión de que la cosa se recomponga; más bien la certeza de que empeore. Y me asustan los tambores lejanos, la verdad.

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