Si quieres recordar un sueño tienes que atraparlo por la mañana, o si te despiertas de madrugada, y tomar una nota. De lo contrario, el sueño se disipa a lo largo de las primeras horas del día siguiente. He soñado un par de noches con un chófer que yo tuve hace algunos años y el hombre está vestido de escocés. Y vago por un lugar parecido al Loro Parque, pero más feo y más gris, siempre con el puto escocés pegado a mí, como un escolta. Es imposible saber qué significa un sueño tan disparatado; ni Freud descifraría este desatino. A la noche siguiente, el sueño pareció continuar, pero no lo pude atrapar del todo por la mañana. Formo parte de un grupo de excursionistas que se dirige a un destino ignoto. Esta vez el escocés ha desaparecido, pero hay una gorda que no me deja ni a sol ni a sombra. Esta vez el escenario es mi colegio mayor de Sevilla, del que siempre huyo, pero hay como una fuerza que me hace volver. Lo pasé muy bien allí, no sé por qué el sueño lo trata tan mal. La gorda, mosca cojonera, no se me despega. Tengo la relativa suerte de que me levanto un par de veces por la noche, así que en ese ínterin intento quitarme los sueños raros de la cabeza, sin conseguirlo. Cuando vuelvo a la cama sigo con el tema y la excursión se hace interminable. Eso de contar los sueños, aunque sean tan estúpidos como los míos, me relaja. Ahora mismo, desvelado como una lechuza, escribo el artículo para el periódico a las cuatro y cuarto de la madrugada. Después de ver una película policiaca, con asesinatos y todo, a ver lo que me espera. Como aparezca el escocés con pinta de gafe estoy jodido. Me temo que ya no sé atrapar los sueños, así que mañana no me acordaré de nada.
Atrapar un sueño
Si quieres recordar un sueño tienes que atraparlo por la mañana, o si te despiertas de madrugada, y tomar una nota
