Addoor Sticky
después del paréntesis

Barberá

El PP clavó el pasado miércoles, luego del óbito, una punta de espada en la arena: la desaparición de doña Rita Barberá tiene causante: los que la acosaron, señalaron y acusaron de corrupción

El PP clavó el pasado miércoles, luego del óbito, una punta de espada en la arena: la desaparición de doña Rita Barberá tiene causante: los que la acosaron, señalaron y acusaron de corrupción. Según el partido dicho, esa presión indebida es muy mala para el corazón y la senadora y ex alcaldesa lo acusó. La estratagema vista se corresponde con otras idénticas usadas por los mismos deudos. No son acreedores de pena alguna por la Gürtel (pongamos por caso); están limpios, no destruyeron la lista de visitas a la sede central del PP en Madrid, no borraron la memoria de los ordenadores, colaboraron en la causa hasta que el juez envió a la policía a sus oficinas para recabar la información que precisaba, los sobres no han llegado a las manos de sus dirigentes y no es cierto que conocieran a Luis Bárcenas antes de ser imputado. Es decir, lo que alega el PP es lo mismo que aduce la Iglesia católica sobre el pecado: existir existe, pero que no se note, porque si se conoce (como la pederastia) es peor. Doña Rita Barberá fue la corregidora perpetua de Valencia y la dueña del PP en el lugar. Se repite la historia: igual que le ocurre a los afines del territorio español, ella no se enteró de nada. La porquería que sale de lo que regentaron… Además, no ha de efectuar al misterio mancha alguna que condicione su memoria. La justicia es quien confirma. Ya no declarará más. Luego, viva en su luz y entiérrese el proceso. Grande horror, pues, ha cometido la sociedad civil sobre la dueña. Tanto que obligaron al gran partido que la encumbró, el que repitió que era la mejor, que era una modelo, lo obligaron a que la echara indebidamente de sus filas. Murió por esa presión, ya digo. Habremos de enviar condolencias a sus ex compañeros y algo más: aclamar con vítores su actuación. Fenomenal que le hayan dado plaza en el Senado porque se lo mereció, que la hayan protegido con el aforamiento porque era lo pertinente. La muerte inesperada siempre tiene culpables. Son todos los contrarios menos Dios, que en sabiduría y valor decide. Los difuntos con ese tenor siempre salen esplendentes a la superficie como los ángeles. Hoy contemplamos a doña Rita tan radiante y fúlgida como cuando fue joven, con menos kilos, sin arrugas. Y recupera el mérito político que la enalteció. Tanto que don Mariano Rajoy acudió al funeral como amigo, aunque la familia (tocada asimismo por la injusticia debida) lo prohibió. Descanse en paz.

TE PUEDE INTERESAR