entrevista a fidel en 1998

“Clinton, un gran tipo; Kennedy, pudo hacernos mucho daño y no lo hizo”

En abril de 1998, centenario de la guerra de la independencia de Cuba y 37º aniversario del desembarco frustrado de Playa Girón promovido por Estados Unidos, subí las escalinatas del Palacio de la Revolución, en La Habana. Me disponía a hablar con el líder que conquistó el poder con unos guerrilleros en 1959

Carmelo saluda a Fidel Castro en una visita

En abril de 1998, centenario de la guerra de la independencia de Cuba y 37º aniversario del desembarco frustrado de Playa Girón promovido por Estados Unidos, subí las escalinatas del Palacio de la Revolución, en La Habana. Era tarde en la noche y me disponía a hablar con el líder barbudo que conquistó el poder al frente de unos guerrilleros en 1959. En el frontispicio hay catorce columnas. Aguardamos media hora en un frondoso jardín iluminado, entre la exuberancia tropical de la isla y los cuadros de Portocarrero. Me detengo en el titulado La Habana de noche, mientras converso con el ministro de Economía, José Luis Rodríguez. Cuando llega Fidel y lo saludo, me fijo en sus manos, las uñas largas y el lentigo senil, las pecas cobrizas de septuagenario.

De inmediato, me sorprende con una revelación, cuando me habla con naturalidad de su “amigo” Clinton, del fluido contacto telefónico entre los dos (relativiza el incidente Lewinsky). Yo había conocido a Gorbachov en el 92. Lo menciono y percibo la amistad que hay entre ambos. Pero lo que más me descoloca es conocer su opinión sobre John F. Kennedy, el presidente que ordenó invadir la isla, un suceso que pudo tener consecuencias dramáticas: desató la crisis de los misiles y estuvo a punto de provocar la primera guerra nuclear, en los años 60. Acababa de visitarlo el editor de la revista George, John-John Kennedy (fallecido al año siguiente), hijo del expresidente. “Le dije que yo tengo un buen concepto de su padre, que me consta que no era un entusiasta de la idea de invadirnos, un asunto que heredó de Eisenhower, y que, aun cuando pudo infligirnos mucho daño por aire, rehusó hacerlo”, me cuenta el Comandante, acusado en su día de ordenar la muerte de Kennedy, sin pruebas. El diálogo se inicia con una queja por mi parte. “Comandante, usted no tiene palabra”. Le recuerdo su promesa incumplida de recibirme en la Habana para entrevistarlo. Encaja el reproche.
-¿Qué opinión le merece Bill Clinton?
“Ese es un gran tipo. Me cae bien. Ojalá pudiera seguir gobernando en el futuro los EE.UU., de no haber trabas constitucionales, que nunca acabé de entender. De Al Gore no me fío. Una vez evitó saludarme. Clinton, en cambio, es una persona muy inteligente”.

-¿Usted cómo era de niño?
“Rebelde. Lo cuenta la autora de un libro sobre mi familia, que tiene a su cargo dos sobrinas mellizas, porque su hermana falleció. Ojalá gane dinero con esta obra que le ayude a criarlos. Yo soy un descuidado con los derechos de autor. Sacan libros sobre mí y no veo un peso”.

-¿De verdad que de ninguno de los miles de libros escritos sobre usted ha visto un duro?
“Ni un duro, ni un blando (se ríe)”.

-Entonces, era rebelde…
“Sí, lo era. Pero también era un niño justo, que defendía su dignidad. Hubo un conflicto una vez en el colegio muy serio. Con un inspector de La Salle en La Habana. Yo había tenido una pelea con otro compañero, por cuestiones de honor, con diez años. El inspector me abofeteó por ello y me refugié (no había embajadas, bromea) en la iglesia durante la misa hasta que entraron y me sacaron. Esa vez no me dieron las notas. Había blancas, negras y rojas, las peores eran las blancas”.

-¿Qué le dijo su padre? (don Ángel Castro, gallego, un rico hacendado).
“Nos fue a recoger a los tres hermanos, a Ramón, el mayor, a Raúl, que era el más chico, y a mí. No volvimos a aquel colegio. El inspector le dijo que los tres éramos lo peor, los más bandidos del centro. Pero yo había empleado la fuerza en un atropello contra mí. Y quería seguir estudiando. Aquellos días hubo tensión en casa, hasta que le dije a mi madre que le dijera a mi padre que o volvía a clase o quemaba la casa. Mi padre había enviado a Ramón a otro colegio y a Raúl a uno cívico-militar, donde, por cierto -a Raúl no le gusta que lo diga- una vez lo cogió en brazos Batista, yo vi esa foto. Pero a mí no me mandaba a ningún colegio -mis padres eran casi semianalfabetos- y les amenacé con quemar la casa. Finalmente, la casa se quemó”.

-¿Lo hizo usted?
“No. Fue mi padre -lo miré queriendo adivinarle la ironía-. Era fumador y un día se quedó dormido. El fuego provocó un drama familiar”.

-¿Qué hicieron con usted?
“Me enviaron, por fin, a un colegio jesuita”.

-¿Lo de Raúl en brazos del dictador es cierto?
“Sí, a él no le gusta que se lo recuerden. Pero esa foto existe: general con general”.

-¿Cómo se ha sentido leyendo su propia historia familiar?
“Me he enterado de muchas cosas que desconocía. Ahora sé lo que sufrieron mis padres con lo que hacíamos los hijos. Ellos procuraron que no saliéramos engreídos por una vida confortable y procuraban que sintiéramos algunas estrecheces. Mi padre era un potentado con sensibilidad social, le gustaba dar trabajo a la gente. Confiaba en que ellos no estuvieran al tanto de mis aventuras políticas. Siempre he sido un aventurero. Me iba de excursión a subir montañas. Soy un buen tirador de fusil con mirilla telescópica. He llegado a dispararle a un plato de perfil a 600 metros. Y no es cuento. Sí, he sido toda la vida un aventurero. A mí me nombraron general explorador antes que general del ejército, porque en una excursión, el río creció repentinamente, y yo lo crucé a nado y tendí una cuerda y pudimos pasar todos. Decían que había hecho una proeza. Y lo que hice fue temerario. Lo prudente era esperar a que bajara el río.”

-¿Sus padres, entonces, sufrían por usted?
“Sí, sufrían por mis andanzas. Sufrieron lo del Moncada, lo de México, lo de Panamá… Lo del Granma. Pero nunca se metieron. Mi madre no se metió. Sufría…”

-¿Cómo era su familia?
“Una familia trabajadora y hacendada. Vivíamos en Birán. Había un hombre muy sabio que hablaba cuatro idiomas y me contaba cosas de Demóstenes (político ateniense del siglo IV a.C. aclamado por Cicerón como “el orador perfecto”, la disciplina que luego hacía célebre a Fidel). Mi padre, en el primer matrimonio, tuvo tres hijos que ya han muerto. Uno era poeta. “Zapato, zapato, por la vía eres campeona de la biología”. Recuerdo versos suyos, algunos más eróticos que otros. Sí, los viejos sufrían mucho por nosotros”.

-¿Por qué hizo Derecho?
“Decían de mí los jesuitas que yo iba para abogado porque era muy rebelde y discutidor. Aunque yo hubiera preferido estudiar una carrera científica: Biología, por ejemplo. Campeón de la biología, como dice el verso de mi hermano -sonríe-”.

-La biología cubana -le sigo el tono- alardea de las bondades del PPG (medicamento made in Cuba, todo un clásico contra la impotencia y para el corazón).
“Yo tomo PPG desde siempre, pero no solo para lo que todo el mundo piensa, sino para la salud física en general -y cita, con la misma chanza, el caso de un español padre de más de cien hijos en Cuba-”.

-¿Cómo hicieron la revolución contra el ejército de Batista siendo tan jóvenes?
“Me especialicé en estudiar la forma de hacerle la guerra en las montañas a un ejército regular. Lo hice basándome en la importancia de la práctica, no solo de la teoría”.

-Usted tenía ideas militares y El Che tenía ideas económicas…
“Él defendía el estímulo material, pero ponía el acento, sobre todo, en la necesidad de crear una conciencia”.

-Hábleme de la visita del papa Juan Pablo II a Cuba.
“Han hecho chistes y se publicó una caricatura mía fumando un habano sentado en un sillón y el papa con el báculo en otro sillón al lado”.

-¿Conoce algún chiste sobre usted?
“Los hay, pero no me los cuentan.”

-La del papa fue una visita delicada.
“Cuando lo vi bajar del avión, con dificultades para mantener la verticalidad, y que aquel hombre pisaba la alfombra dudando, rompí el protocolo y me acerqué a él para evitar una caída desafortunada. “

-¿Qué aprendió de la estancia de Juan Pablo II en Cuba?
“Que hay que hacer planes a largo plazo, no a corto.  Su visita no fue improvisada en absoluto. Yo había leído mucho sobre él. Y trataron de manipular al papa. Pero no lo consiguieron”.

-Comandante, le quiero preguntar por su estado de salud.
“He adelgazado. Hago deporte. Me cuido. No fumo. Bebo una copita de vino en la comida. Tengo un poco alto el colesterol, la tensión bien. Me hice una revisión hace poco. Hay que tener mucha disciplina y suerte para no coger un alzhéimer o un párkinson, como el papa”.

-¿Cómo tiene la cabeza?
“La ejercito como un músculo. Yo veo que mis colaboradores suelen tener dificultades con los números. A mí, en cambio, siempre me han gustado las cifras”.

-Su escala en Tenerife en el 96 no fue fácil.
“Aquel viaje fue importante. Yo quería conocer Canarias, donde tengo una parte de mis raíces por parte de madre, Lina Ruz. Y volvería en un viaje más intenso. El presidente Hermoso peleó aquella vez a nuestro favor. Me quedaron grabadas algunas imágenes. ¡El Teide! ¡Aquel volcán! Y vi cosas del pueblo canario que estaban dichas en aquellos bancales. Conozco la historia de Canarias. Me la leí. Entre los regalos, iba un libro de historia de las islas (Noticias de la Historia General de las Islas Canarias, de Viera y Clavijo). De Canarias vinieron los vegueros, los tabaqueros, trajeron un enorme potencial de trabajo al campo cubano”.

–Comandante, usted es consciente de que en el pueblo cubano hay un sector crítico con la Revolución.
“La gente de Cuba puede querer mejorar. Y es crítica por eso, pero no quiere cambiar de régimen. Que quienes nos cuestionan visiten otros países de América. Vean la miseria. Y entenderán a Cuba”.

-¿Hay corrupción política en Cuba?
“Aquí no hay ministros corruptos, ni se dan comisiones. Podrá haber algún caso excepcional y entre gente no representativa”.

-¿Hay droga?
“Cuba iba camino de ser el Casino de Las Vegas de los americanos. De no haberse producido la revolución, la droga se habría apoderado de la isla. La marihuana, por ejemplo, no hay ni que plantarla, sale como la hierba, se da de una manera espontánea. Hubiera sido un enorme peligro”.

-Cuba hoy se exporta en la música.
“Yo me reúno con Abel Prieto, el ministro de Cultura, tres veces en semana para hablar de música y cultura. Hay muchos y muy buenos músicos en Cuba. 18.000. Es una mina.”

-Y recoge los frutos de esa promoción en millones de turistas.
“Fue un canario, Enrique Martinón, el que me abrió los ojos para dotarnos de un modelo mixto de inversión extranjera con la cotitularidad cubana en la puesta en marcha y explotación de hoteles. ¡El turismo a Cuba ha aumentado un 51 por ciento!”.

-¿Hacia dónde va el mundo?
“Vamos hacia un Estado mundial. Desde el momento que la informática y la alta tecnología permiten estar en un sitio y otro del planeta a la vez, por ahí va el futuro. Me interesa mucho la alta tecnología de la comunicación, las aportaciones de ese señor Bill Gates, la nueva dimensión de la aldea global y lo que yo llamo el Estado único del mundo”.

-Hablemos de democracia. En democracias como la española, los ciudadanos se dividen en partidos a los que votan.
“En países como Cuba y su hemisferio la situación no permite estar divididos, sino unidos; de lo contrario, caen”.

-¿Qué pensó cuando Aznar puso pegas a un viaje del rey a Cuba con aquella frase: “Irá cuando toque”?
“Eso mejor no meneallo. Tú me quieres tirar de la lengua, pero yo soy de origen gallego y me salgo por la tangente”.

Al despedirnos, comenta en alto:

“A este periodista le debía una entrevista, él me hizo saber que no había cumplido mi promesa, y estaba en lo cierto”.
Se queda mirándome y repito sus palabras dos años antes:

–Usted me dijo: “Nos vemos en La Habana”. Y me he presentado sin su permiso.
“¿Y a quién tiene que pedirle permiso alguien que viene a su propia casa?”.

Le doy la mano y me guardo la libreta.

TE PUEDE INTERESAR