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Cosas viejas

Los que me conocen bien saben que adoro las cosas antiguas; y las viejas, que no son las mismas. No sé qué van a hacer mis hijas con lo que he coleccionado durante toda mi vida, puede que tirarlo a los contenedores

Los que me conocen bien saben que adoro las cosas antiguas; y las viejas, que no son las mismas. No sé qué van a hacer mis hijas con lo que he coleccionado durante toda mi vida, puede que tirarlo a los contenedores. Ellas sabrán. Pero yo disfruto en un rastro, en un mercado de las pulgas, en una feria del libro viejo y antiguo, en la Cuesta de Moyano de Madrid y en la plaza Dorrego de Buenos Aires y en todo su barrio de San Telmo. Una vez entré allí en una tienda especializada en plumas Parker (en Argentina se fabricaron en su día), una tienda regentada por dos hermanos. El joven realizaba reproducciones enormes de las Parker con una fidelidad increíble; le compré una. Y la chica se dedicó a averiguar en la Internet quién era yo. Al día siguiente, cuando acudí con más tiempo a ver las maravillas que tenían allí, me dijo: “Ah, usted es un hombre famoso, ha escrito un montón de libros. Además, su tío abuelo fue gerente de un banco aquí, en Buenos Aires”. Efectivamente, yo había escrito algo sobre mi tío abuelo, Andrés González de Chaves y Rojas, abogado, que fue gerente, hasta su jubilación, del Banco del Hogar Argentino, absorbido por el español Banco Santander. Mi amigo, y directivo del banco español, José Luis Martínez-Marauri Bujanda, paz descanse, me envió el expediente de mi tío, que conservo, con sueldos, premios, ascensos y demás. Entonces la joven me mostró la mejor colección de objetos de Parker que he visto en mi vida. Una chica encantadora y una tienda magnífica, muy cerquita de la plaza Dorrego, que abre todos los días, no sólo los de mercadillo. Les invito a que la visiten porque, sin duda, existe. La buscaré yo también en la Internet en cuanto termine de escribir este artículo nostálgico. Ya saben que la nostalgia vende.

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