tribuna

El día que se conocieron el DIARIO y EL ESPAÑOL

El papel sigue saliendo y los portales digitales siguen poblando su ciberespacio. No se encuentran unos y otros, los diarios tangibles y los virtuales, y en esta disyuntiva, resulta que DIARIO DE AVISOS y EL ESPAÑOL un día se vieron y se dieron la mano

Las prisas del periodismo totémico de papel por resistirse se excitan en esa diáspora de usuarios que van de barrio a barrio, de Gutemberg a Bill Gates. Son premuras del medio longevo -este lo es sobremanera, con 126 años entre pecho y espalda-, aterrorizado por la musculatura del gigante digital, esa suerte de enemigo invisible que devora el oficio de Gay Talese, del palmero Truman Capote y mi admirado Norman Mailer. Se trata de una carrera imaginaria hacia una meta desconocida, como en esos sueños en que huyes porque alguien te persigue, pero no te mueves del sitio.

El papel sigue saliendo y los portales digitales siguen poblando su ciberespacio. No se encuentran unos y otros, los diarios tangibles y los virtuales, y en esta disyuntiva, resulta que DIARIO DE AVISOS y EL ESPAÑOL un día se vieron y se dieron la mano. Esa noche fui  uno de los testigos: un do ut des, un toma y daca. Lucas Fernández se dirigió a Pedro J. Ramírez como si le hiciera señas -o hiciera autostop- y el incombustible periodista que había hecho las dos guerras mundiales de su vida -Diario 16 y El Mundo- y estaba batallando como un prócer de tirantes online en su estampa de avatar del nuevo periodismo, reconoció el guante que nuestro editor le ofrecía en la sobremesa del Mencey, donde nada era entonces más cierto que lo insólito. Un viejo periódico cargado de nostalgias y lucidez quería rejuvenecerse y tiraba el bastón, para asirse al penacho de las crines del león de EL ESPAÑOL. Había truco en el contubernio. El DIARIO portaba ya una web que acariciaba -era enero- el millón de usuarios, y el periódico digital de Pedro J. acababa de nacer con algo más de dos millones. Juntos sumaban tres. No eran tres tristes leones, sino trillizos, que ahora se cuentan por diez. Los casi once millones de seguidores de EL ESPAÑOL comenzaron a multiplicarse en el pacto de aquella noche, durante una cena de periodistas desprejuiciados que trazaban un complot entre dos eras de la prensa y dos visiones del mundo:  tendían puentes y sumaban dos marcas que hablaban el mismo lenguaje. El DIARIO es una web muy potente con un periódico de papel en plena estasis bajo el desangrado del sector. Y  EL ESPAÑOL es un periódico digital, con un despegue vertiginoso, cuyo director y fundador publica en exclusiva su carta en Tenerife (aquí, mañana) en el único soporte donde las palabras conservan su piel. Los días felices del periodismo son pocos. Y este, sin duda, era uno de ellos.

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