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por qué no me callo

El califato de Trump

La Casa Blanca demostró estar preparada para recibir a un negro, pero aún no sabemos si lo está para recibir a un imbécil. Tras burlarnos con espanto de otros líderes esperpénticos, entra este paquidermo en el despacho oval y saluda a Obama

La Casa Blanca demostró estar preparada para recibir a un negro, pero aún no sabemos si lo está para recibir a un imbécil. Tras burlarnos con espanto de otros líderes esperpénticos, entra este paquidermo en el despacho oval y saluda a Obama. Todo es tan estólido que parece Kim Jong-un con el bisoñé desteñido de un tinte de oro obsoleto. Trump es un travesti político en la silla curul del imperio. Y el trumpismo es ya un neologismo que triunfa. Significa todo y nada, lo inviable posible. Ganó cumpliendo todas las contraindicaciones. Nadie es él. Es Todo. El ogro de un mundo lleno de logros. En California (el calexit), a remolque del brexit o de Cataluña, ya piensan en irse de Estados Unidos a ninguna parte, zafarse del califato de Trump.

¿Qué puede sucedernos a partir de este instante? El mundo cambió hace 48 horas, por primera vez con rumbo incierto. Se desconoce el modus procedendi de este cipote de Archidona que desprecia al sexo femenino con la misma desfachatez que resucita el racismo en un país aún con esas escamas. El interfecto no vende arropías, sino insultos y amenazas. El peor ejemplo en la cima del poder. ¿Creíamos que la Gran Recesión era lo peor que nos podía suceder por una larga temporada? Esto era lo peor: la sensación de estar a la deriva. Desde el 8 de noviembre de 2016. Donald Trump pedía “un botón para apagar Internet”. Predica el muro contra el ciberespacio, la obediencia rebañega. 500 años después de la Utopía de Tomas Moro, esto. Todo lo que idealizamos ahora está cuestionado por la mano que lleva el maletín nuclear.

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