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El líder discreto

El Partido Socialista pierde a Juan Carlos Alemán, una figura imprescindible para entender la política canaria de las últimas décadas

Es imposible entender la política canaria sin el PSOE. Es muy difícil comprender el papel que han tenido los socialistas sin conocer la trayectoria, el peso y la habilidad entre bastidores de Juan Carlos Alemán. Siempre con Jerónimo Saavedra sobre el escenario, acaparando la luz de los focos, fue Alemán quien, especialmente cómodo detrás de las cámaras, durante décadas contribuyó de forma decisiva a definir la posición y los movimientos del PSC-PSOE.

Volver sobre sus pasos exige resucitar la vertiente PSC del PSOE porque fue un autonomista convencido. Situado en los escalones altos del aparato del partido apostó por un socialismo que no renunciara a la condición de canario, impulsando una mayor autonomía y margen de actuación frente a la dirección del partido en Madrid.

El partido, así, a secas. El PSOE concebido como un ejército capaz de plantar cara a otros poderes fácticos. Juan Carlos Alemán era, por encima de todo, un hombre del PSOE. Hablaba del partido como los patriotas lo hacen de la patria o los feligreses de su parroquia. Alemán fue durante décadas el fontanero de referencia y su teléfono la rotonda por la que circulaban todas las decisiones orgánicas. Así fue mientras ocupó distintas secretarías generales. Y después también.

Juan Carlos Alemán

Es más que probable que nadie en el PSOE conociera mejor que él las distintas piezas del motor. Es conocido que incluso cuando dio un paso a un lado, con otros formalmente en la cabina de mando, afines o no acababan consultando a Juan Carlos Alemán antes de dar un paso. Conocer al milímetro los cuadros municipales e insulares y mantener una relación fluida con sus actores principales o secundarios le permitió tener una fotografía nítida de las situaciones, un mapa completo, una radiografía de antecedentes, personalidades, heridas, conflictos, problemas y soluciones.

Su fortaleza fue la paciencia con la que abordaba las crisis, la cintura que demostraba desenredando confrontaciones y una ilimitada capacidad para enfriar los ánimos y no dar pasos en caliente. Buen orador y mejor negociador, Juan Carlos Alemán destacó por la convicción, el talante y la pericia con la que tendía puentes a un lado y otro. Hizo del consenso su baza.

Vivió y protagonizó decisiones que puertas adentro de las sedes convulsionaron las filas socialistas. Con una mano mantuvo en pie a la vieja guardia. Con la otra abrió pasó, y tuteló, a los valores emergentes del socialismo. Su autoridad orgánica no necesitaba galones oficialmente reconocidos en un congreso. En el PSOE el secretario general es secretario general, el de Organización es el de Organización y Juan Carlos Alemán era Juan Carlos Alemán, un cargo en sí mismo, una posición que flotó por encima de relevos o renovaciones.

Jamás daba por rota la comunicación con otros partidos. Romper era un plan B que no estaba en su manual de estilo. Supo ganarse la confianza de sus adversarios porque nunca se permitió faltar al respeto o recurrir a la descalificación. Tuvo periodos de mayor contundencia. Endureció la oposición al Gobierno del momento cuando entendió que el partido lo necesitaba, pero jamás perdió su condición de interlocutor fiable para los líderes de las otras formaciones o grupos parlamentarios.

Alemán estudió en La Laguna y se incorporó a la larga lista de laguneros ejercientes con certificado de nacimiento en Gran Canaria. Quien lo fue todo en las filas socialistas siempre tuvo una especial capacidad para llevarse bien con unos y otros. Quien pasó por buena parte de las instituciones de las Islas rara vez perdía la sonrisa. Solía decir que se puede defender lo que uno piensa sin renunciar a tener una relación cordial con quienes discrepan. Ese fue su código de circulación. Esa su carta ganadora. Ese su estilo. Esta su forma de ser.

Adicto a la meteorología, consumidor compulsivo de las nuevas tecnologías, agricultor de andar por casa y aficionado rezagado a la música clásica, Juan Carlos Alemán fue sobre todo un ajedrecista solvente. Nunca perdía los nervios. Jamás dejaba de mirar el tablero, decidiendo qué movimiento debía hacer o adivinando cuál sería el siguiente de sus adversarios. Padre y abuelo, en alguna ocasión confesó que fue su mujer quien lo disciplinó cuando en los años de la transición a Juan Carlos Alemán le sobraba política y le faltaban horas frente a los libros.

En los últimos años vivió lo que calificó como un retiro activo. Recurriendo a una expresión que utilizaba con frecuencia, siempre estaba operativo. Operativo, en boca de Alemán, significaba estar de guardia los siete días de la semana, en buena medida facilitando el gobierno orgánico del PSOE a golpe de teléfono, cada vez más ausente de las reuniones -las cambió por ratos y paseos con la familia- pero disponible, siempre al aparato para las cosas del aparato.

Su tiempo en la docencia se interrumpió pronto, pero le dio tiempo de aprender dando clases de Historia o presidiendo el Movimiento de Renovación Pedagógica. Fundó la Agrupación Socialista de Garachico y ocupó las principales responsabilidades orgánicas del PSOE tinerfeño y regional. Fue concejal de La Laguna y consejero del Cabildo de Tenerife, además de diputado y miembro de la Audiencia de Cuentas.
Juan Carlos Alemán nació en 1952 y falleció ayer por culpa de una enfermedad que lo devoró en apenas unos meses. Su familia pierde a un compañero de viaje, a un padre y a un abuelo. Sus amigos despiden a un buen tipo. El PSOE, el partido, se queda sin la figura a la que más pronto que tarde todos recurrían antes de dar un paso o tomar una decisión.

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