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opinión

El futuro de Cataluña – Por Enrique Arias Vega

Desde hace seis años vengo escribiendo que Cataluña estaba abocada a una independencia inevitable y, al parecer, irreversible. Pues bien: los mismos amigos que entonces se pitorreaban de mis reflexiones y las consideraban propias de un tipo pintoresco y aventado las creen ahora a pies juntillas.

Desde hace seis años vengo escribiendo que Cataluña estaba abocada a una independencia inevitable y, al parecer, irreversible. Pues bien: los mismos amigos que entonces se pitorreaban de mis reflexiones y las consideraban propias de un tipo pintoresco y aventado las creen ahora a pies juntillas. Yo, en cambio, ya no tanto.

Sé, no obstante, que el independentismo está de moda enel Principado y que gran parte de la burguesía y de la oligarquía catalanas, que fueron franquistas incluso antes de Franco, se dejan llevar ahora con igual fervor por la corriente separatista.

Sin embargo, al creciente independentismo catalán se opone ahora una situación internacional y europea hostil hacia ese tipo de planteamientos. El ejemplo último y más rotundo lo acaba de ofrecer Francia, cuyo Gobierno ha protestado al español por la defensadelParlament de Catalunyaal derecho de autodeterminación de los denominados països catalans, que incluyen la región francesa de Rosellón.

Y es que la actual Europa, capitidismuida por la defección del Reino Unido, los problemas de la inmigración, la guerra al sur del Mediterráneo y la amenaza deTrump de dejar que se las componga como pueda, no está para muchas bromas.

La UE sabe que cualquier secesión en su territorio la debilitaría aún más y podría abrir la caja de Pandora que acabara con su bienestar. Por eso, aunque el Gobierno español llegase a mostrarse pusilánime y los políticos españoles abriesen la espita del rompimiento del Estado, una Europa a la defensiva no lo permitiría.
Por ello, y dado que todas las modas van y vienen, el apabullante fenómeno independentista de ahora podría ser sustituido por otro de sentido contrario en un futuro. Aunque, claro, todo eso aún está por verse.

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