el charco hondo

Huelga de deberes

No les falta razón. Aciertan quienes, a cuenta de la huelga de deberes, proponen que padres y profesores compartan trinchera a ojos de los alumnos

No les falta razón. Aciertan quienes, a cuenta de la huelga de deberes, proponen que padres y profesores compartan trinchera a ojos de los alumnos. Tampoco se equivocan cuando reivindican respeto y autoridad para los docentes; o al argumentar que, siendo más útil el diálogo, el conflicto debe guardarse en el cajón de los recursos últimos -rebajarlo a plan B-. Nunca está de más recordarlo porque en la barra del bar, factoría de líderes de opinión, queda bien rajar de lo público. En España el fútbol es el segundo deporte con más seguidores. El primero es, de largo, meterse con médicos y profesores. Porque sí. Por defecto. De oficio. Refrescar estos pecados de origen ayuda a comprender lo difícil que resulta abordar la huelga de deberes sin caer en simplificaciones cuando, apoyados en la barra del bar, condenamos al docente como ejercicio de calentamiento. Éste o cualquier debate que ronde a los profesores nace viciado porque se parte de una presunción de culpabilidad. ¿Deberes en casa? Como apunta José Antonio Marina, sí pero poquitos. Por razones de eficacia y justicia, añade. No se debe sobrecargar las tareas en casa, pero tampoco hacerlo en el centro escolar -¿para cuándo un decreto ley que imponga los términos medios?-. Ni los padres deben hacer de profesores ni los profesores tienen que asumir la condición de padres. Tan lógico es que en casa se complete el horario escolar como ilógico que abusando de las tareas acabe siendo el colegio donde se complete el horario extraescolar. Deberes en casa sí, pero los imprescindibles porque la disponibilidad, formación o voluntad de los adultos provoca desigualdades. Sin bandos. Compartiendo trinchera. Llevándole la contraria a los que rajan de los docentes por defecto, de oficio, porque sí.

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