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Las reválidas

La sesión de investidura de Mariano Rajoy confirmó el bajo nivel de los parlamentarios y del parlamentarismo español actual en comparación con épocas pasadas

La sesión de investidura de Mariano Rajoy confirmó el bajo nivel de los parlamentarios y del parlamentarismo español actual en comparación con épocas pasadas. Basta una somera lectura de los Diarios de Sesiones para comprobar que, desde las Cortes de Cádiz, nuestros representantes, con pocas excepciones, se caracterizaron por su formación intelectual y, sobre todo, por su respeto al adversario político. Y los inevitables enfrentamientos, a veces muy intensos, se dirimían dentro de los límites y las exigencias de un decoro parlamentario, que todos aceptaban y que se daba por supuesto. Tendríamos que llegar al clima guerracivilista de la Segunda República para encontrar algo parecido a lo que sucedió en la investidura del sábado -y suele suceder a menudo- en nuestro Congreso. Ya advertíamos el jueves pasado que el pueblo que no respeta a su Parlamento no merece tenerlo; por ejemplo, los que el sábado lo rodearon, y acosaron y agredieron a sus miembros y acompañantes. Pero ese respeto obligado debe empezar por el respeto de los propios parlamentarios a sí mismos y a sus compañeros.

La irrupción en las Cortes de los antisistema y los independentistas ha enrarecido su ambiente y originado un clima parlamentario que recuerda al citado de la Segunda República. El sábado se produjeron enfrentamientos físicos, insultos y amenazas entre diputados; y, en particular, el diputado independentista de apellido sorprendente y descriptivo ofendió a toda la Cámara, y a todos los ciudadanos de bien, cuando intentó ofender al Grupo Socialista, atentando contra su honor y el de sus dirigentes e insultándoles gravemente. Una muestra de odio y rencor visceral e intolerable que denunció muy oportunamente la diputada de Coalición Canaria, con los aplausos de los diputados que sí creen en el Estado de derecho y la democracia.

En este momento, el enemigo a vencer de los antisistema y los independentistas no son los populares sino los socialistas, y esa es la causa última del execrable ataque que sufrieron por parte del diputado catalán. Por el bien de la democracia española, es de desear que superen su actual crisis. Mientras tanto, a los que piden simultáneamente algo tan contradictorio e incompatible como calidad de la enseñanza y disminución del nivel de exigencia y de pruebas a superar, hay que aclararles que es un error suprimir las reválidas: algunos diputados necesitan con urgencia aprobar un par de ellas.

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