Addoor Sticky
por qué no me callo

Los fogones del periodismo

Mi buen amigo Manolo Iglesias. Cuando entro en la redacción y encuentro a José Luis Conde, con la pachorra legendaria del periodista de periódico de antes, que es el que añoro en las nostalgias rebeldes del nuevo periodismo digital, recuerdo de dónde vengo

Mi buen amigo Manolo Iglesias. Cuando entro en la redacción y encuentro a José Luis Conde, con la pachorra legendaria del periodista de periódico de antes, que es el que añoro en las nostalgias rebeldes del nuevo periodismo digital, recuerdo de dónde vengo, de transitar con quiénes, de echarlos de menos todos los días entre las cuatro paredes de un oficio que va perdiendo las viejas señas de identidad y adquiriendo otras. Mi buen amigo Manolo Iglesias. Y la grasa del menú sigue siendo la noticia. La esquiva noticia que a veces nos deja mirarla a la cara y otras pasa de largo dejando un aleteo que te desalienta, porque sabes que estuvo cerca y se fue. Conde es un perfecto conde que esconde en la redacción el humor bajo el brazo (los había cejijuntos en todas las redacciones que pisé y eran amigos de pocas palabras, pero buena gente). A mí me gusta que sean así, flemáticos, aunque yo siempre estoy corriendo. Pero hace falta el equilibrio de los genes de la gente que se desplaza sin prisas y sonríe poco, porque la noticia es algo serio y el periodista no está para reírle las gracias a esa malencarada -solo las malas saben que tienen abierta las puertas de un periódico-. Anoche Conde estaba contento en el Leal, rodeado de sus laureados gastronómicos. Estaba lleno el teatro. Esta es la gala de Tenerife, propuse cuando me tocó hablar. Es la más veterana de su género en España, toda una odisea de tres decenios sin apagar los fogones. Mi buen amigo Manolo Iglesias. En la poblada edad de este diario hay dragos que alegra verlos en pie, pasando como una noticia pausada, que dan testimonio de los que están y los que se han ido. Me alegró la noche ver llegar a Elías Bacallado, nuestro presidente de honor, fiel a la cita, sonriendo, lejos de la senectud, más cerca de la primacía de los sabios eternos. Amigo de sus amigos. Elías tenía una cariño especial por Manuel Iglesias. Viajaba con él a menudo, se comían el mundo. Anoche no estaba Manolo Iglesias. O estaba en todo aquello que era, en un teatro lleno, clara manifestación de su recuerdo colectivo. Él creó estos premios, los más importantes y antiguos de un periódico en España. Mi amigo Manuel Iglesias. Sentado entre él y Ferran Adrià -tres tragaldabas dándole al pico- nos pegamos una vez cuatro horas hablando. ¿Recuerdas?

TE PUEDE INTERESAR