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Como los jueces son tan raros

La pena de telediario ha sido tan fuerte que en un país normal -este no lo es- el proceso habría sido anulado

Como los jueces son tan raros -que nadie me niegue eso- no sé si los que están juzgando el asunto de Las Teresitas van a dejarse influir -es humano eso- por todo lo que ha pasado en los trece años, o así, que ha durado el proceso hasta su final provisional -caben recursos, tras una primera instancia en la Audiencia Provincial-. Filtraciones interesadas del secreto del sumario, disparatadas actuaciones policiales, crónicas estrafalarias de periodistas analfabetos funcionales, escenas abracadabrantes en los pasillos del Tribunal Superior de Justicia de Canarias y, para mí, notoria indefensión de algunos de los imputados. La pena de telediario ha sido tan fuerte que en un país normal -este no lo es- el proceso habría sido anulado. Lo que estoy escribiendo no lo digo sino yo, que nunca he sido políticamente correcto y que tampoco le tengo miedo a jueces y a fiscales. La pena de muerte no existe en nuestro país. Pero los periodistas se pirran por sentar en su banquillo de papel a cualquiera que ha sido acusado, sin esperar a que los jueces le condenen. Las garantías procesales en este país se vulneran con una facilidad pasmosa, se condena a los individuos antes de ser condenados de verdad, se dilatan los procedimientos de manera indebida, se monta una causa general -Las Teresitas lo ha sido- sin el más mínimo pudor. Y se retira del procedimiento el delito más grave, el de cohecho, porque no ha existido o no se ha podido demostrar, con lo que el caso ha quedado totalmente descafeinado. ¿Cuánto ha costado este sumario al contribuyente? Millones de euros, muchos millones de euros. Yo me niego a condenar a nadie en un medio de comunicación y los que están sentados en ese banquillo me parecen personas honradas. Ya sé que voy a contracorriente, ¿y qué?

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