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Los partidos y Trump

Señalábamos el jueves pasado que Donald Trump ha sido un candidato populista sin partido populista

Señalábamos el jueves pasado que Donald Trump ha sido un candidato populista sin partido populista. Ha utilizado -ha intentado parasitar- al Partido Republicano y a su organización para desarrollar su campaña, pero los republicanos han reaccionado ante sus excéntricas propuestas, y la mayoría de la clase dirigente del partido -no de sus electores- lo ha abandonado e, incluso, combatido, hasta el punto, en algunos casos, de apoyar a la candidata demócrata. Es decir, la campaña de Trump ha sido una aventura personal independiente en lucha con los dos partidos tradicionales.

En realidad, su programa electoral se opone en cuestiones esenciales a los planteamientos ideológicos de los republicanos. Por ejemplo, Trump propugna un proteccionismo comercial extremo y un aislacionismo, incluso militar, mientras los republicanos siempre han sido librecambistas y partidarios de la presencia militar norteamericana en todos los escenarios. La pregunta sigue siendo por qué ganó Trump las elecciones a pesar de las encuestas, que, de nuevo, demostraron su ineficacia. Pues bien, la explicación de los varones blancos empobrecidos y sin trabajo por la deslocalización de empresas en los estados del medio oeste industrial, que todos repiten, no explica mucho. Mayor claridad aporta, por ejemplo, el hecho de que más de la mitad de las mujeres blancas le votaron a pesar de sus exabruptos machistas. Ellas saben que tales exabruptos y tales disparates no van a tener una traducción política (acaba de nombrar embajadora en la ONU a una mujer, hija de inmigrantes indios, además), mientras las medidas de su programa electoral sí. Y estas votantes están de acuerdo con ese programa y esas medidas. En la misma línea, una tercera parte de los hispanos -y las hispanas- y de los negros también le votaron. Los mayores interesados en prohibir la entrada de más hispanos y en expulsar a los ilegales son los hispanos residentes legales, porque esos ilegales y esos futuros inmigrantes son una peligrosa competencia laboral. Y en cuanto a los negros, están desengañados de la política del primer presidente negro, en cuyo mandato no han disminuido las muertes y la agresividad de la policía en contra de los afroamericanos.
Obama ha manifestado que en una campaña se apela a las emociones, pero, luego, al gobernar, se impone el análisis de la realidad. Y la presión insalvable de los dos partidos hegemónicos, añadiríamos nosotros.

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