Escena 1. Un mago con dinero. Un ruin que se ríe de las mujeres en general y de las gordas en particular, que aborrece a los inmigrantes, los negros, los gais. Un enano mental que se maneja cual señor feudal, ¡a saber si ha invocado alguna vez el derecho de pernada! Semejante espécimen tendrá en sus manos el maletín nuclear del país más poderoso de la Tierra en enero. No es ficción: se llama Donald Trump.
Escena 2. Un bebé malcriado de 31 años, inculto, pendenciero. Un pandillero que lanza a un lago el micrófono de un periodista sin que nadie se atreva a rechistarle. O que dispara un balón contra la prensa. Dicen que el personaje cobra más de 2.000 euros por hora. Sí, por hora. Y eso por correr detrás de una pelota e imitar el grito de los primates. No es ficción: se llama Cristiano Ronaldo.
Escena 3. Cristina Ortiz Rodríguez yace sobre el sofá de su casa con una brecha en la cabeza, de la que mana sangre. No se le escapa la vida por esa grieta: hace mucho tiempo ya que Cristina no vive, apenas sobrevive entre dosis y dosis, cliente y cliente. Muchos desprecios, muchas palizas, demasiados ayunos involuntarios. Por la herida de la cabeza y por cada poro de su piel dejó de respirar. Juguete de muchos, querida por nadie, para todos era ‘La Veneno’.
Escena 4. Muy pocos conocían a la madre Gloria. Yo la vi agonizar durante días con la misma sonrisa con la que siempre me recibió en el convento de clausura de las Mercedarias que fue su hogar por más de 60 años. Sin pedir nada ni molestar a nadie. Pasado mañana –es un decir- ya nadie hablará de ella.
Jamás tendré la fe de la madre Gloria, que eligió el silencio por amor y vivió amando. De Trump y de Cristiano (lástima de nombre) preferiría estar lo más lejos posible. Es a La Veneno a quien más me parezco de estas cuatro personas que han dibujado mi semana. Yo también tengo sobradas razones para colocarme delante de Dios y reconocer una vida entera llena de errores, sí, pero con el firme propósito de buscar la verdad y la felicidad cada día. ¿Que ella equivocó el camino? ¡Y quién no! ¿Que sus excesos fueron indecentes? Obsceno es, más bien, llevar el nombre de Dios en la boca y sembrar oscuridad a su paso.
No estoy canonizando a Cristina. Pero creo que ella y Gloria llegarán de la mano delante de Dios. Las dos buscaron su rostro. A veces, sin saber que esa alegría que ansiaban tenía nombre propio. En ocasiones, eligiendo atajos que les alejaban de su propio yo. Pero ambas, jugándoselo todo.
No me violenta ponerme del lado de una travesti puta y toxicómana. De hecho, creo que el reino de los cielos está más cerca de quienes peregrinan en medio de las sombras que de otros que se manejan por la vida como si ya hubieran llegado, como si pudieran suplantar al mismísimo Dios. “Los orgullosos y malhechores serán como paja. […]A vosotros, los que buscáis mi rostro, os iluminará un sol de justicia y hallaréis la paz a su sombra”, dice hoy Malaquías. Y yo creo que habla de estas dos mujeres.
