el charco hondo

El más atrás de Trump

El problema es que para ganar ha sembrado una cultura de desprecio a las mujeres, a los débiles, al que reza diferente o al color de la piel

Sean económicas, políticas o anímicas, de las crisis se sale hacia delante o hacia detrás, por la puerta principal o por la trasera, por el futuro o por el pasado, buscando respuestas o creyendo que la solución está en desandar lo andado para resucitar simplificaciones, tópicos y fantasmas que ha costado décadas superar. Reino Unido, con el brexit, y Estados Unidos, con Trump, han votado que cualquier tiempo pasado fue menos malo. Nostalgia como baza electoral. Muros. Fronteras interiores. Regresión. En Europa o EE.UU. el otro, el distinto, convertido por los discursos de exclusión en una amenaza que pide cortafuegos. Si las religiones prometen algo mejor en el más allá, los extremismos lo ofrecen en el más atrás. Trump es un rico malcriado, no un loco. El histrionismo estaba en el guion. Ha exagerado para pescar en el hastío. Ridiculizó al sistema que los Clinton representan porque era la única manera de colarse en la presidencia. Jamás va a ser un problema para los mercados; es uno de los suyos. En el minuto uno del cuatrienio no se dirigió a sus votantes -que a ojos de Trump ya cumplieron su fugaz misión-, sino a las multinacionales, al capital. Los contrapoderes de Washington harán su trabajo. La economía se adaptará. También los gobiernos. En Europa no solo Sarkozy incorporará a su relato dosis de sinrazón. El mundo seguirá girando. El problema es que para ganar ha sembrado una cultura de desprecio a las mujeres, a los débiles, al que reza diferente o al color de la piel que en la retina millones de espectadores -también en España- calará como actitud ganadora, lo más, lo in. Ni la economía ni la política enfermarán. Sobrevivimos a los Bush, también a éste. Es la tolerancia la que sale muy mal parada con el triunfo del modelo Trump.

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