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Más sobre la envidia

Voy a adelantar algo que un dirigente empresarial me ha confiado y que publicaré en la entrevista del lunes, en Queridos enemigos. Se refiere a la envidia sana y a la otra

Voy a adelantar algo que un dirigente empresarial me ha confiado y que publicaré en la entrevista del lunes, en Queridos enemigos. Se refiere a la envidia sana y a la otra. Este empresario y asesor le informó a un cliente extranjero de que en Canarias reinaba la envidia, que tuviera cuidado. Y el cliente le dijo que no lo creía, que en los Estados Unidos pasaba lo mismo. “Mira”, le dijo el inversor extranjero, “allá, si un vecino construye una piscina, al mes todas las casas de la manzana también tendrán piletas”. El dirigente empresarial le respondió que, de acuerdo, pero que esta era la envidia sana. Y lo argumentó: “Aquí, en Canarias, un señor construye una piscina en su casa y al día siguiente va el vecino y denuncia la obra en el Ayuntamiento y en la Fiscalía Anticorrupción; y nadie podrá fabricar una pileta en esa calle. Esta es la envidia insana”. Y yo añado que la propia de los hijoputas y de los delatores. Estas, quizá como reminiscencia de la guerra civil, son islas de delatores. Hasta Hacienda los fomenta y los premia, según tengo entendido. O sea, que se trata, incluso, de una delación de Estado. Qué triste, ¿no? Las islas son un escenario ideal para que nadie deje hacer nada a nadie. Tenemos una legislación enmarañada y hasta cruel con el inversor. Y no hay nadie que ponga un poco de normalidad en la situación, que ha provocado la huida de los empresarios extranjeros. Este año, cero euros procedentes del exterior. Los empresarios corren con las patas en el culo cuando los consultores les explican, en vano, lo que es inexplicable: el enmarañado sistema legal, sobre todo en los asuntos de urbanismo. Unas leyes hechas para que siempre falte un papel. Es decir, para arruinar a Canarias.

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