por qué no me callo

Sergio Ramírez y la eternidad de un día

Hoy, el novelista Ramírez que nos visitó recientemente a dialogar en CajaCanarias con Juan Cruz, es una de las plumas que dicen lo que subvierte ahora mismo en América: la poesía

Sergio Ramírez, la política lo atrajo como un imán diabólico y tardó en desprenderse del conjuro de Ortega (Daniel), con el que fue vicepresidente en la Nicaragua de los rebeldes sandinistas de los 80, cuando la mano le pidió explicaciones y se puso a escribir de nuevo. Hoy, el novelista Ramírez que nos visitó recientemente a dialogar en CajaCanarias con Juan Cruz, es una de las plumas que dicen lo que subvierte ahora mismo en América: la poesía. Los poetas de América Latina no han dejado de sortear los obstáculos de un continente inapropiado para el verso suelto, que de forma crónica acalló sus voces con mano de hierro. Es Rubén Darío el Poeta de la América Hispana que se expresa en la lengua de las dos orillas y deslumbra a Juan Ramón Jiménez cuando España ya era un sueño que ver de cerca. ¡Quién iba a decirle al de Moguer que terminaría sus días en aguas de América! Darío es Margarita, está linda la mar, la novela que devolvió a Sergio Ramírez a la libertad literaria tras el desengaño político, rescatado por el Premio Alfaguara, al alimón con Eliseo Alberto (Caracol Beach), poeta hijo de poeta (una de las cimas de las letras cubanas: Eliseo Diego), que es como algo consustancial al continente, como queda dicho. Mario Vargas Llosa comenzó escribiendo poemas, y se lo conté, tras visitar su exposición biográfica en la Casa O’Higgins de Lima. Me miró, autocompasivo, queriendo olvidarlo. Pero no todos los poetas han dejado de serlo, por muchos que la patria común (el patio trasero, decía con desdén la patria de Trump, que es nuestra pesadilla nocturna de hoy) de América ha tenido. Ramírez le contó en este periódico a Karen Estévez por qué Rubén y por qué Darío son sus temas preferidos. Vuelve a serlo en su última entrega sobre el poeta gourmet: “Al comienzo del siglo XX, transformó la escritura en el periodismo: hizo de la crónica una pieza literaria.” Vengo concibiendo desde hace mucho tiempo que el periodismo es la literatura de lo cotidiano, el libro del día es el periódico que muere de noche. La web eterniza ese día. Los alemanes fueron siempre grandes periodistas literarios, como exhibe luminosamente ese espléndido libro que recomiendo a mis colegas de página (Chaves y Llombet son dos periodistas literarios, el género que atrapa al lector con la mano del que escribe sin tregua), La eternidad de un día (crónicas de los siglos XIX y XX). Sergio Ramírez, que no es poeta, novela poéticamente en las tripas de un país que es el país de otro gran poeta, Ernesto Cardenal, exgobernante sandinista, como él.

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