superconfidencial

Entre todos la mataron y ella sola se murió

Unos la llamaban choriza, sin juicio previo, cuando salía de declarar ante el Tribunal Supremo. Otros, horas más tarde, ponían flores en la puerta de su casa, en su memoria

Unos la llamaban choriza, sin juicio previo, cuando salía de declarar ante el Tribunal Supremo. Otros, horas más tarde, ponían flores en la puerta de su casa, en su memoria. Este es el resumen de un país de mierda, dominado por el odio y por la sinrazón. Un país con tintes de locura, en el que se legisla demasiado para que las leyes sólo las cumplan unos cuantos. El PP, su partido, vendió a Rita Barberá por 1.000 euros, porque probablemente así salvaba otras cabezas. Esta mujer, que lo dio todo por su pueblo a cambio de muy poco, cayó fulminada por un infarto, quizá porque no merecía el insulto. Y porque era una mujer decente. A los delincuentes no les duele que los llamen chorizos, porque lo son; a las personas decentes, que no se pueden defender, sí les toca el corazón cuando les atribuyen un delito que no han cometido. Imaginen cómo estarán el juez y el fiscal que la interrogaron, los personajes que la denunciaron, los compañeros que la pusieron en el disparadero y los rivales políticos que la quisieron hundir, posiblemente sin tener con qué. Y, por supuesto, los periodistas que le montaron ese horrendo juicio paralelo. Y los golfos que huyeron del minuto de silencio en su memoria. Porque la sinvergonzonería en el periodismo y en la política está llegando a límites intolerables. Total, que España es un ejemplo para el mundo. No se molesten en inventar la marca España, porque ya está inventada desde hace muchos años: la envidia, la mentira, la zancadilla y la injusticia son sus divisas. ¿Para qué más? Rita Barberá no resistió los micrófonos de la prensa, los insultos, los interrogatorios, ni la medicación que tomaba para calmar sus nervios; entre todos la mataron, ella sola se murió.

TE PUEDE INTERESAR