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Tontos de capirote

No hace falta decir que, a lo largo de nuestra corta historia democrática, han existido aquí diversos tontos de capirote.

No hace falta decir que, a lo largo de nuestra corta historia democrática, han existido aquí diversos tontos de capirote. Como un profesor universitario lagunero que, cuando ganó Ronald Reagan las elecciones a la Presidencia de los Estados Unidos, muy descontento con la designación, propuso al claustro que Ronald Reagan fuera declarado persona non grata en la Universidad. Creo que la señora Reagan, Nancy, no pegó ojo en toda la noche, que sufrió mareos discontinuos y que el médico de la familia no dio avío esa madrugada, atendiendo al matrimonio. Otra vez, la Corporación municipal lagunera hizo que un pleno aprobara una felicitación a Leónidas Breznev, el máximo responsable de la URSS de entonces, y que se le enviara un cable al respecto, con motivo de un aniversario de la revolución bolchevique. En nuestras corporaciones, en nuestras universidades, siempre ha habido tontos de capirote; es decir, gente que no tiene nada que hacer y que aprovecha cualquier resquicio para hacerse notar, pero sin mucha fortuna.

El otro día, Julio Cruz, senador y alto cargo en el PSOE de las Islas -realmente no sé qué cargo tiene en el citado partido-, informó de que iba a interpelar al ministro de Fomento por la inundación del edificio terminal del aeropuerto de Los Rodeos. El ministro no llevaba en el cargo ni 24 horas, así que malamente podría saber la naturaleza, los daños y los motivos del diluvio aeroportuario. Muchas veces nuestros políticos, y por lo que se ve la autoridad académica, pierden el norte de las cosas y caen en el ridículo. Como una vez, en plenas elecciones generales, cuando Pepe Segura y Antonio Martinón, no teniendo nada que inaugurar, organizaron la puesta en funcionamiento de ¡un finger!, en el aeropuerto de Los Rodeos. Esto refuerza lo que digo: tontos de capirote. Y eso.

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