Se reúnen cada primer viernes de mes en el local de la Asociación de Vecinos 7 Islas, en El Sobradillo. Allí, unas veces 20 y otras 30, se juntan los miembros de la Plataforma de Afectados por Antenas de Telefonía Móvil (Planmocan) y ponen en común los avances de la lucha en la que llevan casi diez años. También, lamentablemente, hacen recuento de los fallecidos en la zona por cáncer o enfermedades cardiovasculares. Todos, asegura uno de sus portavoces, Manolo Díaz, tienen algún familiar que ha muerto por esta enfermedad e incluso al menos dos de las personas que acudían a sus reuniones han fallecido por este motivo. “El último estuvo aquí el último viernes que nos reunimos y esa misma noche le dio un infarto”. Se miran unos a otros y asienten y empiezan el macabro recuento. El último fallecimiento por cáncer tuvo lugar hace menos de una semana y en el último mes ya van cuatro por el mismo motivo. Ahora la enfermedad ha tocado a María (nombre ficticio). “Su marido murió de cáncer, también un cuñado y ahora le ha tocado a ella, que está enferma”. De nuevo, se cruzan las miradas impregnadas de una certeza que, ni todos los estudios científicos del mundo (si existieran), podrían hacer desaparecer. Las antenas, son las antenas.
Planmocan ha contabilizado en los últimos diez años, desde que se implantaran en el barrio los primeras emisores para telefonía móvil, cerca de 150 muertes, la mayoría por cáncer, en los alrededores de tres antenas de El Sobradillo. Una de ellas, ya retirada, “ha dejado un reguero de muertes a su alrededor”, afirma Manolo. Muestra un mapa realizado por la propia asociación y en él se pueden ver los puntos rojos (muertes por cáncer) que, efectivamente, parecen concentrarse en torno a uno de estos aparatos emisores. Es un mapa macabro, sin duda, pero esclarecedor, tanto que en más de una ocasión han pedido a Sanidad que realice un estudio epidemiológico para constatar sus sospechas.
A pesar de lo que muchas personas puedan creer, los miembros de Planmocan no reniegan de los móviles ni de la tecnología. Casi todos usan su teléfono móvil sin ningún problema pero, como explica otro de sus portavoces, Antonio Porras, “el móvil lo controlamos nosotros. Si queremos apagarlo lo apagamos, si queremos dejarlo en la habitación lo hacemos, no lo llevamos siempre encima, pero con las antenas no podemos. Emiten las 24 horas del día y lo hacen a una potencia que supera los límites de radiación recomendados y en muchas ocasiones incluso los permitidos”.
Planmocan acude a cada Pleno municipal a protestar y exigir que se aplique el principio de precaución con las antenas y se saquen de los núcleos poblacionales. Una recomendación que incluso la Unión Europea ha admitido que es aplicable puesto que no hay estudios que sean del todo concluyentes sobre la existencia de riesgo o no para la salud de las personas. En el próximo Pleno volverán a manifestarse, esta vez desde dentro del salón de plenos gracias a una moción conjunta de toda la oposición, toda, para exigir que se agilice la implantación del Plan de Telecomunicación de Santa Cruz, paralizado desde hace casi un año. También pedirán que se cumpla la ley. “Sí, tenemos que pedir que se cumpla la ley porque desde junio hay un sentencia firme del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) que obliga a la retirada de una antena situada en la calle Bellotero por estar en precario y aún no se ha ejecutado”, detalla Díaz. Y es que, recuerdan los miembros de Planmocan, hay 21 antenas más en esta situación a las que, la sentencia del TSJC abre la puerta para ser desinstaladas sin tener que esperar más.
El Plan de Antenas, defienden, lo único que hace es sacar las antenas del centro de la ciudad (hay 140 en todo Santa Cruz). Se propone desplazarlas a lugares como el Palmetum, los diques del puerto de Santa Cruz, o las montañas colindantes. “Son lugares en los que la población más cercana se encuentra al menos a unos 400 metros de distancia y desde luego la cobertura no se ve afectada en nada”. Para sustentar esta última afirmación recuerda Díaz que “la Gerencia de Urbanismo tenía cuatro antenas en al azotea, se desmontaron y no ha pasado nada”.
El portavoz de Planmocan aprovecha para recordar que hay puntos de Santa Cruz en los que han acudido a mediar la radiación de las antenas a petición de los inquilinos de los edificios, algunos tan significativos como la comisaría de la Policía Nacional de Pérez Ayala o lo de la Policía Local de Santa Cruz. En ambos casos se han producido numerosos casos de cáncer y ambos edificios tienen antenas en sus azoteas. Y es que la Plataforma cuenta con su propio aparato medidor, que les ha costado cerca de 2.000 euros y que les permite comprobar, afirman, que las antenas están emitiendo muy por encima de lo recomendado y de lo autorizado.
Investigación
Defiende Antonio Porras que los estudios que justifican esa relación entre cáncer y radiación de las antenas de telefonía móvil existen. “Claro que existen”, afirma y cita Bioinitiative, Refle e Interphone. En base a estos informes el Parlamento Europeo considera que hay suficiente evidencia científica para aplicar el principio de precaución. Al menos así lo recoge la Plataforma en uno de su múltiples trípticos en los que recogen las buenas prácticas en el uso del móvil. Cuando se le pregunta por qué algo que parece del todo lógico no se aplica, responde: “Las empresas de telefonía se gastan miles y millones de euros en defender sus intereses”.
Insisten en la relación directa entre las antenas y la enfermedad. Los dueños de las viviendas en las que se instalan las antenas también están enfermos, dicen. “Un matrimonio alquiló su azotea para colocar una de esas antenas y con el dinero se fueron a vivir a otro sitio. A pesar del poco tiempo que estuvieron, también están enfermos”, señala Manolo Díaz como ejemplo de que todos en el barrio saben el daño que hacen las antenas. También recuerda el caso de una de las primeras antenas que se instaló en El Sobradillo, en la calle Petiazul, ya retirada. “En esa calle murieron creo que recordar que siete personas”. Los vecinos de esta calle fueron los primeros en protagonizar las protestas contra las antenas, de eso hace ya diez años.
PUNTOS ROJOS
Desde 2007 han contabilizado cerca de 150 muertes que la Plataforma achaca a las radiaciones de tres antenas en El Sobradillo. Los puntos rojos, colocados por los propios vecinos, representan las muertes por cáncer, que son la mayoría. Una de las antenas parece haber provocado una especial incidencia, “los dueños de la casa en la que estaba y los vecinos de alrededor, todos enfermaron”, asegura Planmocan. No existe evidencia científica entre este recuento y las antenas y por eso, ellos mismos han pedido que se haga un estudio epidemiológico en la zona. Defienden que esa evidencia sí se la dan múltiples estudios internacionales, los mismos que PSOE, Sí se puede, C’s e IU citan en la moción que llevan al Pleno. Entre las enfermedades están las afecciones a los genes y en el ADN, infertilidad, tumores cerebrales o cáncer de mama.

