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2017

Llega otro año. ¿Y qué? Todo seguirá igual. No creo en los buenos propósitos de nadie

Llega otro año. ¿Y qué? Todo seguirá igual. No creo en los buenos propósitos de nadie, porque lo que se manifiesta en diciembre, en general, proviene de los efectos del alcohol. Las promesas de los borrachos no sirven. Ni las de los políticos, propensos a no cumplirlas. No sé si estamos saliendo de la crisis; yo soy un jubileta. Álvaro Morales, querido compañero, acaba de publicar un libro de entrevistas, en el que incluye una mía. Fíjense en el titular: “Me he inventado entrevistas e hice una mientras hacía el amor en mi cama”. Es rigurosamente cierto, pero le faltó aclarar que entrevistaba a un político en la radio, es decir, que nadie notó lo que estaba haciendo y que dejé de hacer porque aquello no me ponía nada. Es una entrevista muy sincera, publicada hace un par de años en El Día. En vida de mi gran amigo Pepe Rodríguez, al que le hacía mucha gracia lo que yo escribía. Le echo de menos.

Llega otro año, ya están a punto la bola de Times Square y las campanadas de la Puerta del Sol. Da igual, cada ciudad tiene su lugar para despedir a un año, que siempre fue malo, para recibir otro, que probablemente será malo también. Yo estaré mañana viendo fuegos de artificio, dicen que los mejores del mundo, ya les contaré. Y pienso que si le dieron el Nobel a Dylan por componer esas canciones, ¿por qué no le dan otro a un poeta de verdad, como es Joaquín Sabina, que ha escrito melodías magistrales?: “Y si la Magdalena pide un trago/tú la invitas a cien/ que yo los pago”. Este año 2017 no tendrá 500 noches, como los años de Sabina, pero no hay que esperar nada bueno. O quizás sí. No saber lo que va a pasar mañana es algo que te mantiene siempre en tensión. En todo caso, feliz año nuevo y gracias por aguantarme, aquí, más solo que la Luna.

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