avisos políticos

Alepo en primavera

Es de desear que la Administración Trump mejore la nefasta política exterior con el mundo árabe y musulmán de los presidentes anteriores, desde la Segunda Guerra Mundial.

Es de desear que la Administración Trump mejore la nefasta política exterior con el mundo árabe y musulmán de los presidentes anteriores, desde la Segunda Guerra Mundial. Una política aberrante que ha consistido en traicionar a sus amigos y apoyar a los enemigos del mundo democrático. En Irán abandonaron al Sha a su suerte y facilitaron el triunfo de la dictadura teocrática de los ayatolás. En Afganistán combatieron al Gobierno laico -todo lo laico que una sociedad islámica permite- sostenido por los rusos, y dieron el poder a los talibanes. En Egipto dejaron a Mubarak en manos de los Hermanos Musulmanes. En Irak derrocaron a otro Gobierno laico y de equilibrios entre sunníes y chiíes, y propiciaron el caos. Y ahora, en Siria, están apoyando, junto con Arabia Saudí, a una confusa mezcolanza de islamistas radicales, yihadistas y fanáticos sunníes, deseosos de eliminar a los herejes chiíes que gobiernan en Damasco.

Todas esas absurdas y suicidas operaciones se basaron -y se basan- en que los Gobiernos amigos -o, al menos, no enemigos- eran -son- dictaduras, y los Gobiernos laicos estaban -están- apoyados por los rusos. O las dos cosas, como la actual dictadura siria. Y el objetivo era -y es- sustituirlos por una democracia y combatir a los rusos. El problema es que ambos empeños son imposibles.

El islamismo es el único referente cultural y político de estos pueblos, para los que nada significan la democracia o la competición electoral entre partidos, que son productos depurados de la cultura occidental. Estos pueblos, además, están organizados en familias extensas y clanes tribales, y sometidos a implacables liderazgos tradicionales. La democracia no es exportable, y menos en estos contextos sociales. En el mejor de los casos, los opositores a estas dictaduras son personajes en busca de autor que no representan a nada ni a nadie, fuera de sus propios clanes y tribus. En el peor, son islamistas radicales y yihadistas, como en Siria.
Las mal llamadas primaveras árabes solo existieron en la mente de periodistas poco escrupulosos en busca de titulares y de políticos ignorantes y miopes. Por desgracia, la única primavera posible en Siria es un triunfo definitivo del presidente que, con ayuda de rusos e iraníes, y un pacto con los turcos, imponga un orden que impida la continuación de la violencia. Por desgracia, esa será la única primavera posible en Alepo. Y conviene que lo vayamos aceptando.

TE PUEDE INTERESAR