La confusión que reina en el seno del pacto de Gobierno entre CC y PSOE, tras más de tres meses de crisis profunda, y el desconcierto que produce en la ciudadanía el cúmulo de contradicciones entre los socios, convierte el culebrón político en una suerte de camarote de los hermanos Marx. Como en la película de los famosos cómicos, cualquier desenlace en los próximos días es posible y los actores cambian de rol según cada escena. La maratoniana sesión de la gestora socialista, celebrada ayer en Las Palmas de Gran Canaria, no contribuyó a aclarar el galimatías. El PSOE está dispuesto a consensuar con CC, contra todo pronóstico, un nuevo acuerdo sobre el Fondo de Desarrollo de Canarias (Fdcan) para el reparto de 160 millones de euros -objeto de la última confrontación en el pacto-e, incluso, a reconducir la relación entre ambos partidos. Lo cierto es que tres consejeros socialistas (Jesús Morera, Ornella Chacón y Aarón Afonso) manifestaron ayer a la cúpula de su partido que están decididos a marcharse del Gobierno. Solo la intervención de la vicepresidenta, Patricia Hernández, podrá evitar, en una reunión in extremis prevista para esta tarde en la capital grancanaria, que tales dimisiones se consuman. Chacón y Morera han comenzado a despedirse de funcionarios y colaboradores. Hernández, en sintonía con el presidente de la gestora, José Miguel Rodríguez Fraga, es partidaria de dar satisfacción a las demandas de alcaldes y presidentes de cabildos de su partido, con un nuevo Fdcan en la versión del PP, antes de adoptar otras medidas de carácter político. Estas se abordarán en una nueva reunión extraordinaria de la gestora socialista mañana mismo, tras el Consejo de Gobierno, un día antes del pleno del Parlamento que deberá votar los Presupuestos de la comunidad.
El PSOE se debate entre varias opciones. La más drástica -la moción de censura a Clavijo- no está descartada. Tampoco lo está pasar a la oposición junto al PP y dejar al presidente en un precario gobierno en minoría. Tienen garantías de que el PP no pactará con CC (pacto de no agresión). Y, por último, el PSOE baraja acceder a una prórroga del acuerdo con CC, incluso con nuevos consejeros socialistas. Esta prolongación de una alianza rota de hecho tendría carácter transitorio en tanto en Madrid PSOE y PP definen una “solución viable” para Canarias, según apuntó un miembro cualificado de la gestora, que sigue de cerca las negociaciones nacionales sobre la crisis en las Islas.
El Consejo Político de CC , que se limitó también en la capital grancanaria a otorgar poderes a Clavijo para cesar al PSOE o renovar el pacto, sembró de dudas un eventual gobierno en minoría con la muleta de ASG, de Casimiro Curbelo. Informaciones internas pusieron en cuestión la lealtad del PP desde la oposición, toda vez que “parece ser que Asier Antona ha sido partidario ante su partido en Génova de apoyar una moción de censura del PSOE contra CC”, desveló una fuente de este último partido, que asistió al cónclave. Es este extremo el que deja al presidente sumido en una nueva incertidumbre. Pese a los contactos que ha mantenido en las últimas fechas con Antona (entre ellos, alguna cena en Santa Cruz), no puede asegurar a su partido que se fía del apoyo externo de los populares en caso de expulsar al PSOE. Algunas fuentes no descartaban anoche que Clavijo, una vez más -como en la famosa adenda que expiraba el 27 de noviembre- intente un nuevo compromiso coyuntural que alargue la agonía del pacto, ya que no las tiene todas consigo.
Visto lo visto, el culebrón político canario, en su versión más histriónica del camarote de los hermanos Marx, consigue trivializar la vida pública hasta extremos inéditos en más de 30 años de autonomía, a la espera de nuevos capítulos que superen los niveles de esperpento ya alcanzados.
El camarote sigue lleno, pero el barco ya naufragó
El mutuo recelo preside las relaciones entre CC y PSOE. Ninguno de los dos partidos sabe exactamente qué piensa y con qué apoyos cuenta el otro. Gobiernan juntos como mal menor ante el riesgo de caer en el vacío. Pero el deterioro de las relaciones, no solo políticas, sino, sobre todo, personales, concede un margen casi insignificante a la posibilidad de seguir navegando juntos en mar revuelta por mucho tiempo. Uno de los dos tendrá que abandonar el barco.

