
Por José manuel Ledesma*
Desde el pasado 30 de noviembre, el Correíllo La Palma está atracado en la primera alineación del Muelle Sur, muy cerca de otros dos símbolos del Patrimonio Histórico Monumental del Puerto de Santa Cruz de Tenerife, como son La Farola del Mar (1863) y la Marquesina (1913). Gracias a este cambio de ubicación, el vapor-museo podrá ser visitado por quienes lo deseen, tanto nativos como el pasaje de los cruceros que arriban al puerto capitalino. Atoado por dos remolcadores, el buque partió sobre las nueve de la mañana, surcando la Dársena de Anaga sin molestia alguna para la operativa portuaria de la zona.
El vapor La Palma, botado el 12 de abril de 1912, en los astilleros W. Harkess & Son Ltd. en Middlesbrough (Inglaterra), con el número de construcción 192, fue entregado a la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios. El Correíllo La Palma llegó al puerto de Santa Cruz de Tenerife el 14 de mayo, para empezar a comunicar las islas con periodicidad, transportando pasajeros, mercancías y la correspondencia. Venía con el puente abierto, la chimenea de color mostaza y el casco pintado de negro.
Este barco mixto (pasaje-carga) desplazaba 894 toneladas de registro bruto y era impulsado por una máquina alternativa de vapor de triple expansión que le permitía navegar a una velocidad de 11 nudos. Podía llevar hasta 196 pasajeros, en primera, segunda y tercera clase, y su dotación la formaban medio centenar de tripulantes. Estaba hecho con los mejores avances tecnológicos del momento: seguridad, confort, autonomía, velocidad, elegante línea, estabilidad, casco de acero remachado, dos cubiertas y una hélice. Salvando las dimensiones, su diseño era similar al Titanic, pues ambos fueron fabricados el mismo año en el Reino Unido.
De su larga vida marinera destaca que desde 1918 hasta el final de la I Guerra Mundial fue fletado a armadores peninsulares, junto con sus dos gemelos León y Castillo y Viera y Clavijo. En 1930, junto con el resto de la flota, pasó a pertenecer a la Compañía Trasmediterránea, donde continuó en sus trayectos interinsulares. En 1936, al ser militarizado, fue artillado para su autodefensa y clasificado como transporte de guerra; dos años más tarde, volvió al servicio ordinario transportando tropas regulares desde Santa Cruz de Mar Pequeña (Ifni) a Vigo. Concluida la Guerra Civil, volvería de nuevo a cubrir las rutas interinsulares.
El último superviviente de la navegación a vapor en las Islas Canarias fue retirado del servicio interinsular el 17 de marzo de 1976, después de haber sufrido en Arrecife (Lanzarote) una grave avería en una de sus calderas. El 24 de marzo de 1977 fue adquirido en subasta pública por Jürgen Flick por 1.500.000 pesetas (9.015 euros) con el fin de convertirlo en casino-restaurante flotante pero, un problema legal malogró sus planes y no pudo obtener la concesión administrativa por lo que, el 6 de febrero de 1985, antes de venderlo para desguace, se lo ofreció gratuitamente al Ayuntamiento de Las Palmas. La falta de respuesta llevó al Cabildo de Tenerife a aceptar hacerse cargo del Correíllo, con el propósito de transformarlo en Museo de la Navegación de Canarias. Para concienciar a la sociedad y a las autoridades insulares de que el vapor podría convertirse en un museo itinerante de la navegación canaria, y en un centro de información y consulta, dotado de una biblioteca náutica con una exposición permanente de sus fondos documentales, en diciembre de 1997, se constituyó la Asociación Pro-Restauración y Conservación del correíllo La Palma.
El proyecto contemplaba también que, una vez transformado en un espacio cultural y de ocio, las escalas no se restringieran sólo a las capitales insulares sino que recuperaría su forma tradicional de navegación en el Archipiélago hasta que las carreteras fueron transitables a mediados del siglo XX; es decir, travesías de corta duración, bordeando la costa, y atracando en los puertos y embarcaderos que todavía existen.
La Asociación Canaria de Capitanes de la Marina Mercante
Con objeto de salvar el buque, en 1996, se funda la comisión Correíllo La Palma, formada por la Asociación Canaria de Capitanes de la Marina Mercante. Su primera actuación fue traer el equipo de restauradores The Marítime Trust, quienes, después de realizarle una visita, informaron que el buque podía ser restaurado y navegar.
*CRONISTA OFICIAL DE SANTA CRUZ DE TENERIFE
