el charco hondo

El zarpazo (y 2)

Muchos en Coalición se preguntan por qué han despertado estas últimas semanas instalados en la incertidumbre, conviviendo con fantasmas que les eran desconocidos, compartiendo mesa con la hipótesis de acabar perdiendo el poder, la centralidad, el control de la situación.

Muchos en Coalición se preguntan por qué han despertado estas últimas semanas instalados en la incertidumbre, conviviendo con fantasmas que les eran desconocidos, compartiendo mesa con la hipótesis de acabar perdiendo el poder, la centralidad, el control de la situación. Un dirigente de CC lo resumió días atrás con una expresión que retrata perfectamente lo ocurrido: y todo este lío sin necesidad ninguna. Puertas adentro de CC muchos han confesado de meses a esta parte no saber qué estaba ocurriendo, temiéndose un triple salto mortal sin red, preguntándose si en la cabina del avión ha habido un plan de vuelo que ofreciera suficientes garantías. Puertas afuera de CC un ejército multicolor de adversarios se ha estado frotando las manos convencidos de que crecen si cae Coalición, esperando rascar algo aquí o allí, concluyendo que tienen mucho que ganar y poco o nada que perder.

Ese es el pegamento que ha estado amenazando a CC, ese el interés que ha unido a los demás, esa la casa-causa común que ha dado aire a un escenario impensable, al hipotético big bang que sacudiría a la política autonómica, insular y municipal. Un zarpazo que PP-PSOE pueden activar o desactivar concretando o renunciando. Ha habido conversaciones, eso se sabe, de ahí las incontestables señales apuntando a sorpresas totales o parciales. Han sido semanas oliéndose en CC que pueden perder algunas plumas. Dos son los escenarios que pintan en voz baja. Si hay zarpazo al Gobierno las pueden perder todas, y si mandan a los socialistas a la oposición parlamentaria podrán perderlas en el ámbito local. Todo depende, como se ha escrito hasta la saciedad, de lo que PP y PSOE decidan en Madrid respecto a posibles cambios en los ámbitos regional y local. La pelota ha estado, está y estará en el tejado de Rajoy y Susana Díaz.

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