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La Gala

Vi el domingo la Gala del 60 aniversario de TVE. Me gustó. Fue un espectáculo desenfadado, sin intenciones raras, sin comentarios políticos y alegre. Ya era hora.

Vi el domingo la Gala del 60 aniversario de TVE. Me gustó. Fue un espectáculo desenfadado, sin intenciones raras, sin comentarios políticos y alegre. Ya era hora. Yo creo que una de las pocas cosas serias que le quedan a este país es TVE, que tiene en su plantilla profesionales íntegros, que se saben comportar y que no nos abruman con tendenciosas opiniones políticas continuamente. Me gustó ver viejas caras, tan familiares en la pequeña pantalla. Ahora empezarán las críticas, poniendo a parir la Gala; es normal en este país.

Pero yo, que sé algo de lo que hablo, les digo que el espectáculo fue ágil, bien montado, evocador y muy bien llevado por la cantante y show woman italiana Raffaella Carrá, que trabajó durante años en el canal público español. En fin, que pasé la noche del domingo entretenido y que, como por la mañana había ganado el Madrid en Japón, me fui al rastro a celebrarlo, pero llegué tarde por culpa del partido y no encontré nada interesante, si no fueron unos polos chinos falsos que -de compras anteriores– me han salido buenísimos. Se destiñen menos que los de verdad, así que he hallado un filón, a 10 euros cada uno. Vi un reloj antiguo muy bonito, pero el vendedor me confesó que no funcionaba. En el rastro hay gente honrada. El domingo intentaré ir más temprano, a ver si pesco algo a buen precio. Mi complejo de Diógenes está garantizado con esas visitas a los mercados de las pulgas, donde todavía se encuentran recuerdos del pasado que le alegran la vida a uno, coleccionista nostálgico de todo. Ah, sí, por 5 euros me traje un tomo de lujo, nuevo, de Aguilar, de la Galería de los Uffici de Florencia, que visitamos Loli y yo hace un par de años. Ella sabía mucho más de pintura que yo. Compré el libro en su homenaje.

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