domingo cristiano

La primavera es cosa de Dios

En nuestra Diócesis hay personas de misa diaria que con gusto se apuntarían a una revuelta contra el Papa Francisco. Bueno, nadie se asuste, no exactamente a una revuelta, porque para eso tendrían que manejarse a plena luz del día, con dignidad

En nuestra Diócesis hay personas de misa diaria que con gusto se apuntarían a una revuelta contra el Papa Francisco. Bueno, nadie se asuste, no exactamente a una revuelta, porque para eso tendrían que manejarse a plena luz del día, con dignidad. Y tampoco lo sería porque les falta altura, moral y teológica. Lo suyo es más bien un corro de comadres que dice andar muy preocupado por el rumbo que está tomando la Iglesia desde que Bergoglio calza las sandalias del pescador. Ya saben, que si la Tradición, que si las verdades fundamentales, que si la herejía…

Tampoco ha de extrañar tanto. Un grupo de cardenales, cuatro en concreto, ha sacado a pasear su desafecto por el Pontífice después de que éste prorrogara el permiso a todos los sacerdotes para perdonar a quienes muestran su arrepentimiento por haber abortado o haber colaborado en un aborto. Después se ha puesto en marcha el ventilador y han soltado que si lo de agilizar las nulidades de matrimonios, que si lo de respetar a los gais, que si lo de acoger a quienes han sufrido un fracaso en su vida de pareja…

Vamos, que sus Eminencias se han quedado a gusto. Animados por los comentarios de sus reverendísimas, los disidentes que andaban agazapados han comenzado a subirse al carro de los presuntos defensores de la fe. Sin hacer mucho ruido, no vaya a ser que se les señale.Y de esos hay en Tenerife. Lo sé yo y lo sabe todo el que lo quiera saber.

Estos pensamientos me han surgido al hilo de las lecturas que se proclaman hoy en los templos. Son palabras graves, en clave de acontecimiento definitivo, que no disimulan la importancia de vivir este momento. Son textos dirigidos a todos y que vienen muy bien a quienes quieren jugar en la Iglesia a aquello de las cruzadas. “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”, es el grito desgarrador que atraviesa este segundo domingo del Adviento.

Convertirse es convertirse. Es dejar de pertenecer al grupo de la “raza de víboras”, que también se asoma hoy al evangelio. Es renunciar al púrpura de los brocados por el otro púrpura de la sangre regalada en el servicio a los hijos de Dios. Es abandonar el negro del luto permanente por un blanco radiante que anuncia a todos que Dios es nuestro primer aliado en la búsqueda de la felicidad.
Convertirse es abrirse de corazón a una verdad que nos supera y nos conmueve, la presencia de Dios en medio de su pueblo, que es la razón de nuestra esperanza. Sobre esa verdad cabalgan nuestros días y ensuciarla con el politiqueo eclesiástico es convertirse en puerta de entrada del mal en este mundo.

Francisco es el Papa. Dios lo ha elegido, instrumento frágil, para confundir a los fuertes. La primavera de la misericordia viene de parte de Dios. Para acogerla es preciso convertirse, volver a nacer.

No conozco una realidad más terrible que la de los creyentes que se han aburrido de Dios y por eso se dedican a la Iglesia. O la de quienes se descubren a sí mismos faltos de fe pese a actuar como guías de otros. Ciegos que convierten a otros en ciegos. Se les nota, se les nota mucho: son esos que quieren anestesiar la primavera. Pero la primavera no duerme, porque viene de Dios. No duerme ni reposa.

@karmelojph

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