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puerto de la cruz

Las vigilantes de un columpio especial

Dos madres de niños con diversidad funcional piden que se respete el mobiliario adaptado de la plaza del Charco, por el que lucharon un año

“Señores, ustedes tienen la gran suerte de que sus hijos están sanos, tienen las piernas bien puestas, y se pueden subir en todos los columpios de todos los parques del mundo, no necesitan éste. Además, ustedes no han tenido que pelear como lo he hecho yo para que mi hija, que está en silla de ruedas, pueda disfrutarlo”. Así reacciona Elia Sacramento cuando ve a un niño sin diversidad funcional subido al columpio adaptado de la plaza del Charco, en el Puerto de la Cruz, por el que tanto ella como las madres que conforman la plataforma digital Por un Puerto de la Cruz Accesible y Diverso, batallaron durante más de un año y medio para que se instalara.

Con mucho esfuerzo lo lograron y ahora no quiere que Laura, su hija, se prive de su derecho al juego y a la infancia, como tienen el resto de niños.

Se inauguró el 31 de octubre, casualidades de la vida, el mismo día de su cumpleaños. “Fue mi mejor regalo”, confiesa. Sin embargo, no se había cumplido el mes de uso que el mobiliario se rompió y en ese momento tanto ella como Alexandra Delgado, otra de sus compañeras de batalla, se desmoronaron, porque toda su lucha se había venido abajo. Lejos de desanimarse comenzaron otra: empezar a crear conciencia entre los niños y los adultos que no entienden que ese columpio en concreto es para uso exclusivo de niños en sillas de ruedas a pesar de que hay colocado un cartel que lo indica perfectamente.
“Es una norma que hay que respetar, no la exigencia de unos padres de unos niños con necesidades especiales, como se respeta no fumar en los lugares que está prohibido o conducir por la derecha”, subraya Alexandra.

Tras una larga reivindicación con las instituciones ahora “decepcionantemente” les toca enfrentar a los progenitores. Así, cuando ven a algún pequeño subido les explican que si se rompe cuesta mucho dinero, que los repuestos vienen de Estados Unidos, y que se tardaría meses en poder arreglarlo.

Ambas son docentes y por lo tanto, esta tarea no les cuesta. Los pequeños lo comprenden perfectamente y prueba de ello es que se bajan de inmediato, e incluso les dan lecciones a otros niños diciéndoles por qué no se pueden subir, pero los adultos muchas veces son reticentes a entenderlo, apunta Elia Sacramento.

En este sentido, cuentan que hay padres que responden muy bien a la situación y piden disculpas. Pero otros les han llegado a justificar “que no pasaba nada porque su hijo pesaba poco”, o a plantearles “cómo les decían a sus pequeños que no se podían subir”. Incluso, hubo quienes se ofendieron y así se los trasladaron, porque para poder instalar el columpio en la plaza del charco fue necesario reestructurar el parque y ahora hay uno menos para niños sin problemas, a pesar de que ha sido en beneficio de un colectivo que estaba discriminado en ese sentido.

“No creo que ningún niño vaya a traumatizarse porque no se pueda subir en un columpio que no es para ellos, sobre todo, cuando pueden disfrutar de otro tipo de mobiliario como balancines, toboganes, el barco pirata y el resto de parques del Puerto de la Cruz”, sostiene Alexandra.

Al ser docente, Elia hizo un llamamiento en un grupo de compañeros de toda Canarias para que les explicaran a sus alumnos la importancia de respetar los columpios para niños diferentes.

Solo para personas que necesitan silla de ruedas. | A. G.

Educar en valores

“La sociedad tiene que educar en valores y darse cuenta de que todo no se puede tener y que en un momento determinado a los niños hay que decirles que no, y no pasa nada por eso. Nuestros hijos con diversidad funcional han estado frustrados un montón de tiempo porque no tenían donde divertirse y por eso ahora pedimos respeto”, insiste Elia.

Para Alexandra, el principal problema es que existe “un gran egoísmo y faltan valores, porque muchos padres educan a sus hijos para que tengan de todo, incluso lo que no les pertenece”.

Los niños lo entienden muy bien, el problema lo plantean los adultos, que tienen miedo de poner límites. “Se ha perdido la autoridad, no es tan difícil explicarles que hay personas diferentes y por lo tanto tienen que respetar los materiales que necesitan”, insiste Elia.

Esta joven mamá cuenta que un día le iba a llamar la atención a unos niños que estaban jugando en el columpio. En ese momento vio a uno de sus alumnos explicándoles a los demás por qué no podían subirse y eso la llenó de satisfacción porque comprobó el fruto de su enseñanza.

Ambas quieren una inclusión “real” de las personas con diversidad funcional. “Cuando todos los parques del mundo tengan columpios de este tipo, todos los pequeños podrán usarlos, porque no habrá solo uno y en un lugar determinado, pero de momento el único del que se dispone está en la plaza del Charco”, apuntan.

Ambas defienden que forman parte de una generación a la que le ha tocado un papel importante, que es darle voz y visibilidad a un colectivo que antes no la tenía, para beneficio de las futuras y que dentro de veinte años su lucha no tenga que volver a repetirse. La celeridad y la buena predisposición del Ayuntamiento hicieron que el columpio se arreglara en muy poco tiempo. Justamente por eso, quieren colaborar con sus responsables para que no vuelva a suceder porque saben de las consecuencias de un uso inadecuado.

 

Campaña

Por este motivo, han planteado la posibilidad de impulsar una campaña de concienciación ciudadana y ya tienen el visto bueno del concejal de Bienestar Social, Víctor Cabo. Consideran que desde los centros educativos se puede hacer una labor importante con charlas, concurso de dibujos, redacción y luego entregarle a cada uno de los pequeños un distintivo que lo haga ‘cuidador’ o ‘responsable del cuidado del columpio’, para que se sientan protagonistas. “Los niños son esponjas y si se les enseña valores lo entienden perfectamente”, aseguran Elia Sacramento y Alexandra Delgado.
Su nueva gran batalla recién ha comenzado.

El vídeo que resume lo que sienten 16 alumnos

El CEIP de Genovés, en Garachico, respondió inmediatamente al llamado de Elia Sacramento para concienciar en el respeto al columpio para sillas de ruedas de la plaza del Charco. La profesora de Religión Mercedes Govea organizó una actividad con los 16 niños de segundo hasta quinto grado. Tras llevarlos a la plaza del barrio y pasar un rato hamacándose, les planteó que describieran lo que sentían y qué pasaría si no tuvieran un columpio, como les ocurre a muchos niños con necesidades especiales. El resultado es un precioso vídeo en el que los pequeños describen las sensaciones de calma y tranquilidad que sienten y piden columpios y parques para todos.

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