el charco hondo

Libres de culpa

(...) parece razonable que ante el anuncio de movilizaciones en los primeros días de enero muchas miles de almas al volante por las calles más transitadas de Santa Cruz, o de comerciantes que aspiran a seguir abriendo las puertas por las mañanas, reivindiquen su condición de unidades libres de responsabilidad alguna

Miles de reyes magos, turistas más o menos accidentales, vecinos, primos que vinieron a pasar estos días por aquí, consumidores, parejas de recién casados, contribuyentes, amigos que salen o entran en los setenta grupos del whatsapp, funcionarios, sobrinos que estudian fuera, trabajadores que tienen la oficina en el centro de la ciudad, fontaneros, repartidores a domicilio, divorciados en periodo de prueba, profesionales con días propios o plastas buscando un conocido al que machacar con cinco minutos insufribles, todos, absolutamente todos, se consideran en sí mismos unidades libres de culpa ante el conflicto que enfrenta a un colectivo de taxistas con las administraciones. Siendo así, parece razonable que ante el anuncio de movilizaciones en los primeros días de enero muchas miles de almas al volante por las calles más transitadas de Santa Cruz, o de comerciantes que aspiran a seguir abriendo las puertas por las mañanas, reivindiquen su condición de unidades libres de responsabilidad alguna. Miles de unidades libres, sufridores inmerecidos de tales movilizaciones, se preguntan por qué pagan los platos rotos quienes nada tienen que ver con tal enfrentamiento, sobre todo cuando electricistas, abuelas primerizas, profesores jubilados o entrenadores personales serán probablemente quienes acaben pagando más cuando cojan un taxi. Miles de contribuyentes que circulan por la ciudad ni siquiera comentan al de al lado cómo es eso de que con recursos públicos se paguen millones para rescatar licencias, ahora bien, una inmensa mayoría de las unidades libres que residen o entran en Santa Cruz a comprar o a hacer cosas piden que arreglen lo que tengan que arreglar pero que se abandone la costumbre de castigar con sus movilizaciones a vecinos, comerciantes y consumidores.

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