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Populares y populistas

La cínica sentencia de que los programas electorales están para no ser cumplidos se atribuye a multitud de políticos.

La cínica sentencia de que los programas electorales están para no ser cumplidos se atribuye a multitud de políticos. Y se atribuye a tantos políticos porque es una moneda común que todos aceptamos, y que esos políticos, en un ataque de sinceridad -o de cinismo-, han reconocido. En campaña electoral vale todo, y los candidatos le cuentan a sus posibles electores los que estos posibles electores quieren que les cuenten. Siempre queda la esperanza de que todo no sea mentira. Porque los electores votamos por las candidaturas de las que nos separa una menor distancia ideológica, por usar la terminología de Sartori; las candidaturas que creemos van a defender mejor nuestros intereses. Los mítines electorales, por ejemplo, son muy reveladores. Se trata de aquelarres para convencidos, en donde se aclama y se aplaude con la regularidad y la oportunidad del público de un programa de televisión, y en donde cualquier discrepancia -y no digamos crítica- es reprimida por los servicios de seguridad del partido. No hay ninguna diferencia entre la organización y el funcionamiento de un mitin en una democracia contemporánea y un mitin de Lenin. Y si el mitin es de Podemos, mucho menos.

El Partido Popular no es una excepción, y miente sin medida en sus campañas electorales. Hace cinco años prometieron que iban a bajar los impuestos, y después los subieron abusivamente con la coartada de la herencia recibida. Ahora han vuelto a repetir el engaño. Y como ya no tienen coartada, han recurrido a negar lo evidente. En muchos apartados de su último programa electoral se promete expresamente una congelación impositiva propiciada por la buena marcha de la economía española. En mítines y reuniones, Montoro abundó en la misma idea también expresamente. Y fue patético contemplarlo el otro día justificando la subida de impuestos que acaba de perpetrar con el argumento populista de que solo afectará a lo que denomina “grandes empresas”. Unas “grandes empresas” que, como poco, repercutirán en sus clientes y proveedores, además de disminuir su oferta de empleo. Como siempre, pagaremos los autónomos y la clase media.

Hasta Ciudadanos se ha opuesto a esta subida impositiva. Según ellos, la lucha contra el fraude fiscal y la supresión de organismos públicos inútiles conseguiría el mismo incremento de ingresos. Pero los populares no están dispuestos a que los populistas les ganen en nada. Ni siquiera en mentir.

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