Francisco García-Talavera Casañas es paleontólogo, un paleontólogo con todas las consecuencias de esa disciplina que nos retrotrae en el tiempo para decirnos como fue la vida de nuestros antecesores en este mundo que habitamos. Para nuestra suerte, García-Talavera es un paleontólogo canario, pues todo su currículum científico -acompañado de una veintena de campanas oceanográficas y expediciones indagadoras multidisciplinares- lo ha dedicado a estudiar nuestra posición en el mapa y los pueblos de nuestra vecindad, en especial los otros archipiélagos atlánticos y los solares del África cercana. Sin dejar de ocuparse de la aventura migratoria de nuestros paisanos en la América Hispánica.
Los trabajos que ahora García-Talavera recoge en este volumen son una colectánea de sus múltiples preocupaciones por identificar los orígenes, la evolución y el presente de las Canarias, por identificarnos con rigor y desde ciencias tan fiables como la biogeografía, la paleografía, la paleoantropología, la paleodemografía, la ecología y sus derivaciones y preocupaciones por el deterioro medioambiental. Sin desdeñar sus análisis desde otras esferas del saber, como la mitología, tan vinculada a estas islas nuestras, la genealogía, la toponimia o la lingüística…
Guanches ayer, hoy canarios se lee como el gran relato de una colectividad. Ya dijo en su momento el gran critico literario palestinoestadounidense Edward W. Said que al fin y a la postre todas las naciones son en sí narraciones, y García-Talavera siempre ha defendido a Canarias, como en su día lo hizo José de Viera y Clavijo: como un “cuerpo de nación original”. Así se encuentra escrito en la imprescindible Noticias de la Historia General de las Islas Canarias de nuestro ilustrado.
También tiene en común García-Talavera con Viera y Clavijo que ambos escriben bien. Dicho así. Sencillamente. Porque tanto los historiadores como los científicos suelen ser muy malos escritores. Poco atentos a la gramática, a las concordancias internas, a la música del lenguaje y a su precisión ortográfica. Y tanto las historias como las ciencias cuando son mal contadas pierden todo el valor que pretenden transmitirnos.
Dije antes que Guanches ayer, hoy canarios se lee como un relato y los futuros lectores del libro me darán la razón cuando culminen sus páginas.
La Macaronesia que nos presenta García-Talavera tiene un formato didáctico, pero contiene datos completos y cuidadosos de esos archipiélagos creados antes por la imaginación griega (Homero, Hesiodo, Platón…) que por la realidad de los cartógrafos (los primeros ingresos en la realidad debidos a Estrabón, Plutarco, Plinio el Viejo). Canarias, Salvajes, Azores, Madeira y Cabo Verde desfilan por nuestros ojos y nos entregan sus atavismos, su evolución, el cuidado de su fauna y de su flora, en la que cobijan bosques milenarios, sus pobladores mestizos, su manera de enfrentar las adversidades y de abrirse al mundo.
Asimismo, ocurre con las preguntas que se formula García-Talavera por el paso de Canarias desde la Antigüedad a nuestros días, por los guanches y su progenie, por la cultura que atesoraron y que en algunos de sus extremos los vinculan a pueblos tan distantes como Egipto o los peruanos del sur en cuanto a prácticas de momificación de sus difuntos, por la supervivencia en nuestros días de rasgos de los primeros pobladores de Canarias, como es el caso de la estatura superior a la de las poblaciones peninsulares españolas, todo ello analizado desde aventajadas técnicas antropométricas, o desde estudios de genética molecular, lo que ha venido demostrar en años recientes que más de la mitad de los canarios actuales son portadores de genes guanches transmitidos especialmente por vía matrilineal (de abuelas a madres, de madres a hijas, de hijas a nietas).
Particular atención ha prestado también García-Talavera a las relaciones de Canarias con Berbería, un flujo y reflujo, unas idas y venidas que comienzan con el tráfico de esclavos y continúan con intentos de colonización por parte de los primeros conquistadores españoles, entre ellos Diego de Herrera y la torre que mando a construir en 1478 en el Río de la Mar Pequeña como bastión para sus acciones en esa tierra firme… Con las pesquerías y los pleitos fronterizos que llegan hasta hoy. Cuando se buscan influencias étnicas entre los pueblos de esa fachada continental y Canarias, se rastrean las fuentes sin dogmatismos previos, como ocurre con respecto a la población de los Canarii, situados en las vertientes meridionales del Alto Atlas y localizados en el año 42 de nuestra era, que a pesar del parentesco lingüístico de su nombre con nuestras islas el investigador mantiene reservas a la hora de vincularlos directamente con Canarias.
La curiosidad de García-Talavera por todo lo que ha significado la influencia portuguesa en nuestra industria azucarera, en nuestra arquitectura, en nuestro léxico, en nuestra música rivaliza con su curiosidad por lo que fuimos capaces de hacer en territorios americanos como Uruguay o en la Colombia colonial de Pedro Fernández de Lugo, el hijo de Alonso Fernández de Lugo, que lleva a las cuencas fluviales de aquel país el nombre de Tenerife.
La más cercana actualidad no queda fuera de las páginas de Guanches ayer, hoy canarios.
García-Talavera ha sido siempre un intelectual comprometido con su tierra. No solo con su historia, sino con el presente y el futuro de nuestro territorio. Cierra las páginas de este libro que hoy tenemos el honor de prologar, con sus alegatos en contra de las prospecciones petrolíferas que amenazaron al Archipiélago en fechas recientes y contra las que se alzaron voces contundentes e inequívocas desde todas nuestras islas.
Como ya anticipe, Guanches ayer, hoy canarios se lee como un relato contado con la jurisdicción de la ciencia y la pasión del compromiso. Tanto ético como estético. Páginas con las que uno no solo obtiene información veraz y contrastada, sino la constatación del amor que García-Talavera profesa por su tierra natal.
En Guanches ayer, hoy canarios conviven el artículo académico y la colaboración periodística sin que ninguna de esas distantes actividades vea dañada su excepcionalidad. Todo lo anuda la amena prosa del autor, su sabia manera de narrarnos lo que a él le ha despertado su curiosidad y su interés durante toda su vida.
Cualquier lector podrá descubrir por sí mismo que lo que nosotros decimos. También lo decimos desde la convicción de un lector que ha disfrutado con este libro.
*CATEDRÁTICO DE FILOLOGÍA ESPAÑOLA DE LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA

