Se le ha metido en la cabeza. Está en ello. Alguien en el Ministerio de Fomento debe tener un mal recuerdo de las Islas, de ahí que tenga entre ceja y ceja acabar con el descuento a los residentes. Quién sabe si nos la ha jurado porque una novia de Tazacorte lo dejó tirado o porque por allá, en Móstoles, tiene un vecino de Alajeró que le ha rayado dos o tres veces el coche, un cuñado de Haría que se pasa el día tocándole las narices o una fijación futbolística desde que el Madrid se dejó dos Ligas en el Heliodoro. Alguien en ese Ministerio debe tener una suegra en Arucas a la que no quiere ver; le levanto el descuento, habrá pensado, y así meto una subida al billete de avión para que se le quiten las ganas de venir a ver a los nietos. Algo pasa. Alguien quiere poner a Canarias más lejos aún de la Península. Silenciosamente, de puntillas, en Fomento están desmantelando, pieza a pieza, poco a poco, las ayudas a los residentes de las Islas. Conscientes de que hacerlo de golpe provocaría una reacción multitudinaria a este lado del espejo, han optado por trocear el cadáver. Con sigilo, y aprovechando que los políticos de acá están distraídos con pactos, re-pactos y otras salsas más o menos boloñesas, colocan la primera piedra recortando unilateral y sustancialmente las ayudas, a partir del uno de enero, poniendo un tope, impidiendo aplicar la subvención a partir de un precio determinado de cada billete, para empezar jodiendo (sí, jodiendo) solo a los que se desplacen en grupo y a las turoperaciones para, cuando hayamos digerido el golpe inicial, ir a por el resto de las ayudas. Madrid ha iniciado la liquidación del descuento a los residentes y la política local dispersa, tarde y mal. No lo tienen en la agenda. Ni en la adenda. Ni en una adenda de la agenda.
Troceando el cadáver
Alguien en el Ministerio de Fomento debe tener un mal recuerdo de las Islas, de ahí que tenga entre ceja y ceja acabar con el descuento a los residentes.
