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después del paréntesis

Trump/Eastwood

Se afilió al Partido Republicano en el año 1952, por Eisenhower. Pero cuando se descubrió el Watergate afloró su posición moral y atacó duramente a Nixon

Se afilió al Partido Republicano en el año 1952, por Eisenhower. Pero cuando se descubrió el Watergate afloró su posición moral y atacó duramente a Nixon. No le importó cuestionar la guerra de Vietnam por inmoral, ni oponerse a la de Afganistán o a la de Irak. ¿Juntas tales disposiciones en un mismo individuo? Más aún, ¿cómo defender la campaña de Donald Trump, ese que encumbra en su Gobierno a empresarios del petróleo, pone al frente de un ministerio al que pretendió abolirlo, a un contrario del cambio climático a dirigir ese departamento o al amigo de Putin en Exteriores? Lo que confirma la política en EE.UU. es la fidelidad y el no negarse a discutir. Él en sí mismo, que se declara libertario, defensor a ultranza de los derechos civiles (como el aborto, el matrimonio homosexual, la igualdad de las mujeres o que trabaja por el control de las armas de fuego) y republicano: Clinton (o Clint) Eastwood.

Por responsabilidad, se asomó a la acción política. En el año 1986 fue elegido alcalde de Carmel-by-the-Sea, esa pequeña y rica población en la que vivió. ¿Qué ocurrió? Que defendió al pequeño tejido empresarial, se comprometió con el medio ambiente y desplegó una pericia inusitada en pos de la cultura pública (con bibliotecas, paseos marítimos…). Su credo compartido: lugar para vivir, en armonía. Luego, ser blanco, pianista y músico de películas no se pelea con su devoción por el jazz y el blues. Es decir, sus filmes como director confirman el rigor. Sin perdón es una de las pocas obras que existen en el mundo capaces de explicar de manera tan rotunda los derechos de la mujer y el respeto; William Munny (Clint Eastwood) en fidelidad por lo que su esposa muerta le aportó. O la diatriba sorprendente sobre la violencia que se llama Mystic River, o el canto primoroso sobre la eutanasia en Million Dollar Baby, o la suprema concepción de que la guerra tiene dos caras, la de acá, los nuestros, en Banderas de nuestros padres, y la contraria en la excepcional Cartas desde Iwo Jima. O en un país en el que, desde las posiciones conservadoras, denuncian que los inmigrantes son un peligro para la identidad y la seguridad de EE.UU. un sujeto lúcido y comprometido se embarca en un proyecto estimable que se nombra Gran Torino.
La cuestión a discutir es si Clint Eastwood defenderá de manera incondicional a ese por el que votó, al tal Trump, si atenta en su Gobierno contra sus principios. Cabe reafirmar que no. Su obra lo confirma.

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