positivando.

Vacúnate frente al dolor

Hace unos días, mientras mantenía una conversación con un buen amigo, surgió el tema de mi condición de psicólogo positivo. Mi amigo me planteaba que en la vida siempre existen los malos momentos y que, sin duda, era una temeridad por mi parte eliminar el dolor de todo proceso vital.

Hace unos días, mientras mantenía una conversación con un buen amigo, surgió el tema de mi condición de psicólogo positivo. Mi amigo me planteaba que en la vida siempre existen los malos momentos y que, sin duda, era una temeridad por mi parte eliminar el dolor de todo proceso vital.

Le comenté que respaldaba casi al 80 % su razonamiento aunque discrepaba acerca del campo de estudio y los objetivos de trabajo de la disciplina que tengo a bien representar. El trabajar la felicidad no implica, como muchos ilusionistas plantean, obviar el sufrimiento y el dolor. Sin duda alguna en mi vida no he experimentado mayor felicidad que cuando he afrontado esos momentos de desesperación o tristeza y he podido transformarlos y experimentar la nostalgia, la tristeza y el dolor. He podido mirarlos a los ojos y confrontarme a mí mismo para poder crecer como persona.

Dicho esto, le comenté, tampoco podemos negar que todas las personas necesitamos el poder experimentar los buenos momentos donde aprender, saborear y rodearnos de los demás. Lo que sí es cierto es que esas personas que han mejorado sus habilidades para gestionar su malestar psicológico, ésas que tienen unas cuantas estrategias para confrontar y entender esas emociones desagradables de las que la mayoría huye, ésas que se permiten sortear sus emociones, ésas, decía, nunca pierden la sensación de que vivir es una experiencia significativa y única y, sin duda, en palabras del propio Seligman, debe merecer la pena ser vivida.

Es decir estas personas no pierden su capacidad de experimentar emociones positivas, pero además entiende el papel constructor que ejercen los otros en nuestra vida, esas personas significativas que nos dan un hombro donde llorar y una sonrisa para reir. Ellos entienden que esta dicotomía entre el dolor y la alegría, entre el llanto y la risa son fundamentales para potenciar el bienestar de las personas.

Sin dudarlo, estimado amigo, le comentaba, esta complejidad vital que nos mueve en procesos tan distintos y dicotómicos, que responden a veces al binomio que se sucede entre el bien y el mal, es inherente a la personas.

Estoy seguro de que las personas optimistas, las personas que potencian la positividad en sus vidas, las que buscan sentido vital como elemento de felicidad, esas personas, experimentan un dolor menos intenso gestionándolo con mayor facilidad que aquellas personas más pesimistas y negativas.

Es esencial entender que, aunque el dolor forma parte de nuestra vida, lo verdaderamente importante es que sigamos fomentando la positividad como elemento que nos ayude a articular y a afrontar mejor esas experiencias negativas. Por lo tanto, vacúnate contra el dolor con Positividad.

*Psicólogo y miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva
@jriveroperez

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