al fin es lunes

33 de diciembre – Por Ángel Arenas

Mientras no asuma Trump seguirá siendo diciembre, un mes cruel de 2016, en el que han muerto inocentes en todo el mundo

Mientras no asuma Trump seguirá siendo diciembre, un mes cruel de 2016, en el que han muerto inocentes en todo el mundo. Después de que asuma Trump podrá ser el año I de una Era Nefasta. Eso le dije a Carmelo Rivero, mi director, cuando me confirmó que en España habría periódicos el primer lunes de enero de 2017.

-¿Pero tú crees que llegaremos a 2017?

Él se rió, con esa risa de chico de Duggi, je je, je, ja, que incluye la risa y lo otro, el sarcasmo. Claro que habrá periódico, me dijo, lo que no es seguro es que haya año nuevo. Y se rió otra vez. No sabía él entonces que la historia con que acabó, ese horrible atentado en Berlín, se iba a repetir en Estambul, por otros medios.

El mundo se volvió loco hace muchos fines de año; la guerra es el signo de los tiempos… desde siempre; para aliviarlo la gente se montó estas fiestas de cambio de año, como si fuera verdad que empieza una vida nueva cuando acaba el almanaque de un año dado. Y miren lo que ha pasado en Estambul, lo que pasa en Alepo, lo que pasa en el corazón y en los afluentes de Europa.

Y lo que nos va a pasar a nosotros en cuanto avance un poco este diciembre alargado hasta que Trump amanezca, con sus invectivas y su prepotencia, al frente de una nación tan poderosa, en la que vivo por el azar continuado del periodismo. El otro día se lo dije a Carmelo, cuando al neonato presidente se le ocurrió celebrar el fin de año con un mensaje bélico a los que habían perdido la elección: prepárense, que ahí voy, vino a decirles este hombre de piel naranja.

Fue entonces cuando le mandé a Carmelo un burofax, para que tuviera más fuerza. Hazme un sitio en la Redacción, no aguantaré este largo invierno que ahora empieza. Carmelo agarró el Skype y me llamó, eran aquí las doce de la noche del día en que se supone que diciembre se convierte en una bomba de relojería. Y me dijo:

-¿Y tú crees que la mano de Trump no llega hasta aquí?

-Entonces, ¿ahí tampoco se librará?

-Ni de coña, muchacho, me dijo el de Duggi, que añadió en seguida su coletilla habitual para disuadirme de irme a trabajar a su Redacción: “No te metas en eso. Ahí estarás mejor”. Y aquí me quedo, tan lejos del cochino negro de Santa Úrsula.

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