el charco hondo

Hace 35.000 horas

La gestión de las expectativas es un arte, y no menor. Quedarse corto denota falta de ambición, conformismo

La gestión de las expectativas es un arte, y no menor. Quedarse corto denota falta de ambición, conformismo. Bajar el listón es una mala señal, de acuerdo, sí, vale, claro que colocarlo demasiado alto puede provocar que un buen resultado (un balance razonable) sea percibido como un pinchazo o, peor aún, que acabe interpretándose como un farol. El entusiasmo es saludable, pero a veces lo carga el diablo, pasándote de frenada en la oficina, el deporte, los propósitos de inicio del año o en una conferencia de presidentes autonómicos. A las puertas de la siguiente -el martes, en el Senado- no está de más recordar que los acuerdos adoptados en la anterior, o en la anterior de la anterior, duermen plácidamente en la nube de los olvidos. Hace ahora cuarenta y ocho meses que la última conferencia de presidentes (en 2012) proclamó solemnemente que había que mejorar el sistema de financiación, faltaría más, de ahí que en la declaración final se dijera que dicha revisión se abordaría el año que viene, y el que venía en aquel momento era 2013. Hace mil quinientos días que a los postres de la conferencia se puso por escrito que cualquier decisión que se adoptara sobre dicho marco respetaría las particularidades de Canarias, por los siglos de los siglos, amén. Treinta y cinco mil horas después de aquella declaración quien apueste una cena bien puede augurar que lo que se firme el martes acabará igualmente en la nube de lo que iba a ser y no fue. Ojalá se respetaran elementos de compensación o tratamientos diferenciados para las Islas, pero los antecedentes, la ventolera parlamentaria, la barra de hielo donde se firma la declaración final y los empujones territoriales invitan a que en la gestión de las expectativas -un arte, sin duda- el Gobierno canario se deje llevar por lo que dicta la prudencia.

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