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literatura

Ana María Matute: “Canarias lo tiene todo para mí: la Naturaleza”

La autora de 'Olvidado rey Gudú', fallecida en 2014 a punto de cumplir 89 años, habla en esta entrevista, inédita en papel, de duendes, monstruos y niños que nunca fueron tales
ANA MARÍA MATUTE
Ana María Matute. / DA

La autora de Olvidado rey Gudú, Ana María Matute, fallecida en 2014 a punto de cumplir 89 años, habla en esta entrevista, inédita en papel, de duendes, monstruos y niños que nunca fueron tales. “Lo que más admiro es la bondad y la eficacia”, me dijo cuando la entrevisté, a su paso por Tenerife, hace diez años. “El mundo no está bueno”, comentó también, antes de los últimos desvaríos. ¿Felipe y Leticia son un cuento de hadas? “Habrá que preguntárselo a ellos”. Y, en mitad de la conversación, me sorprendió: “Canarias lo tiene todo para mí. Por que tiene la Naturaleza”. En marzo de 2007, Ana María Matute tenía 81 y no tenía aún el Premio Cervantes, que obtuvo en 2010.

Era, como Delibes, un nombre familiar en los podios de la literatura; sonaba de cuando en cuando para el Nobel desde los años 70. Y poco después de esta entrevista le iban a dar el Premio Nacional de las Letras Españolas por el conjunto de una obra, que se inició secretamente a los 17 años con una novela precoz, Pequeño teatro, que no vio la luz hasta que la autora frisó los 30 y ganó con ella el Premio Planeta. Me pareció una mujer frágil que cuando sonreía tenía el dolor de una niña que se consideraba, sin embargo, feliz. Era una huella, probablemente, lejana, de su infancia de islote enfermiza, en mitad de la guerra civil, en que desarrolló una prodigiosa imaginación para librarse de las dificultades de su tartamudez. Este diálogo, diez años después, me trae el recuerdo de haber hablado con alguien que quería parecerse a un fantasma.

-¿Es verdad lo que se comenta acerca de que traerá al mundo una nueva criatura?

“Sí, en efecto, estoy con un libro que tenía ya anunciado hace años, pero escribí otro en su lugar, que fue Aranmanoth; luego me puse enferma y ahora, pues sí, ya está prácticamente terminado”.

-¿Y podemos saber algo de él?

“Ah, no, no, eso no, porque trae mala suerte, ¿sabes? Yo soy muy supersticiosa, sí, mucho, mucho, y si hablo del libro, de qué va, se gafa”.

-Pues vamos a dejarlo que nazca en paz.

“Te digo el titulo, eso sí: se llama Paraíso inhabitado. Mi editor está muy contento, él dice que es mi mejor libro, eso dice él”.

-¿Estamos en el mundo de los monstruos o de los duendes?

“Pues las dos cosas, porque monstruos hay muchos, pero también hay gente muy buena, gente magnífica. De las pocas veces que yo me siento orgullosa de pertenecer a la especie humana, que normalmente no me siento nada orgullosa, es cuando conozco a alguna persona así, toda bondad. Yo cuando era muy jovencita lo que más admiraba era la inteligencia y la cultura, Después, ya al final, ¿sabes lo que más admiro? La bondad, que es lo más raro de todo, la bondad y la eficacia”.

-¿Por qué lo segundo?

“Porque una bondad, digamos, mística, pues es muy buena para la persona que la ejerce, pero no para los demás, mientras que la bondad eficaz se da cuando la persona se dedica a hacer el bien a su alrededor”.

-La suya es una celebración de la buena gente.

“Sí, hay gente buena, yo conozco gente que lo es y lo hace bien, son de todas las clases sociales y de todos los sexos y de todas las razas. Conozco gente que es muy buena y también conozco cada ejemplar (risas). Pero me digo que hay que olvidarse de lo malo y pararse en lo bueno. Esta vida es mucho mejor. Mira, a mi me han pasado muchas cosas en esta vida, muchas, muy malas algunas, pero otras me han pasado tan buenas, he sido tan feliz que digo que tonta seria si me quedara con lo malo, me quedo con lo bueno. Cuando me tengo que acordar de algo, en seguida busco una cosa buena, y no me detengo en los recuerdos malos, ya han pasado”.

-¿Y tuvo, acaso, una niñez feliz?

“Hombre, feliz, feliz, no hay nada en este mundo, ni siquiera los niños, que parece que viven en un paraíso. No, feliz, feliz no hay nada, ni siquiera los bebes… Pero yo he tenido momentos de gran felicidad en mi infancia y también momentos de gran amargura, porque yo era una niña con muchos problemas, una niña muy introvertida, era tartamuda, las niñas de mi colegio eran malísimas, se reían de mí y me daba vergüenza recitar la lección porque tenía ese defecto y yo creo que esa es una de las razones para que empezara a escribir tan niña, que si el mundo me rechazaba, me lo inventé y así todavía continuo”.

-(Contaba que la fuerte impresión de la guerra le curó la disfemia, pues el miedo la acalló). Fue una infancia entre dos bandos enfrentados.

“Claro, también tuve esa experiencia infantil que no es frecuente, aunque, por desgracia, últimamente cada vez lo son más las guerras”.

-Le sorprendió con 10 años.

“Once. El día 26 de julio de 1936 cumplí 11 años, o sea que tuve 3 años para ver todos los horrores que se pueden ver en una guerra. Esa fue también una experiencia que influyó mucho en mi carácter”.

-¿Es la causa del cainismo que se aprecia en buena parte de su obra?

“Claro, el problema de Caín y Abel está muy presente en la primera fase de todo lo que he escrito. Yo creo que eso quizá es debido a que viví una guerra entre hermanos, incluso oía decir: “Un hermano está en un lado y el otro hermano esta en el otro y a lo mejor se están matando.”¡Qué seres! Cuando eres niño, y cuando eres mayor también, pero, sobre todo, cuando eres niño, esas cosas te marcan de una manera terrible”.

-¿Se es niño toda la vida?

“Yo creo que la infancia la llevamos todos más o menos dentro. El niño que fuimos es muy difícil que desaparezca; lo que pasa es que hay algunos que lo asfixian, que lo matan, que lo ahogan. Hay personas que no, y también hay niños que no han sido nunca niños”.

-Los niños náufragos de su obra…

“Esos son los adolescentes, que tienen caras de náufragos, abandonan la isla y tienen que ir nadando hacia el continente y allí se pueden ahogar y, además, se sospecha que en el continente hay caníbales y en efecto, hay caníbales y muchos”.

-¿Y ese adolescente, por seguir su naufragio, perdió la niñez?

“Es el que está a punto de perderla, claro está; la va dejando a trozos detrás de él. El pequeño monstruo es adolescente, que es ese niño tan problemático, el niño y la niña tan conflictivos, porque ya no son niños, pero todavía no son hombres ni mujeres, entonces se convierten en esos pequeños monstruos que nosotros llamamos adolescentes y creo que tienen cara de náufragos porque han naufragado, les han expulsado de la isla y tienen que ir nadando al continente a ver qué pasa allí”.

-Yo la desvié, usted hablaba de los niños que nunca fueron niños.

“Al principio de esta conversación, cuando me preguntabas si se puede ser niño del todo, me faltó decirte que, en el fondo, el niño total no es posible. El niño que fuimos lo llevamos con nosotros. La infancia marca mucho, lo que pasa, en efecto, es que hay niños que no son niños. Hay niños que les notas en los ojos lo que te van a vender en cuanto puedan, y a mí esos niños no me gustan nada. No todos los niños me gustan; afortunadamente, son los menos, pero hay alguno, hay algún niño que es un bichejo, que Dios nos libre”.

-[Estamos hablando con una de las autoras más importantes del siglo XX, que ha dado muestras de una prodigiosa fantasía al alcance de todos los lectores, sin fronteras de edad]. En alguna ocasión usted ha confesado que le daba vergüenza publicar lo que escribía, por temor a que no fuera comprendido.

“Cuando era muy joven”.

-Empezó a escribir muy temprano.

“A los 5 años. Se publicó un libro de cuentos míos escritos desde los 5 hasta los 12 o 13 años, una selección, cuentos que se habían conservado y están en la universidad de Boston, en un sitio que se llama ‘Colección Ana María Matute”.

-¿Qué es la fantasía?

“Hombre, yo creo que es ir más allá de ti mismo y descubrir eso que dijo alguien, que hay otros mundos, pero que están en este. La cuestión es descubrirlos, saberlos ver. ¿Cuál es el límite de la realidad? Eso nadie lo sabe, para usted es uno, para mi es otro”.

-¿La magia existe?

“Claro que existe, la vida es mágica. Cuando yo tuve a mi hijo, no lo podía comprender, no lo relacionaba con los achuchones que yo había podido tener con mi marido, sabía que era magia y pura, un niño que tenía aquellos ojos, aunque dicen que no ven los niños y es mentira, ven”.

– Ese sí es un malentendido.

“Es mentira, ven”.

-Lástima, no se lo podemos preguntar a ellos.

“No, pero los médicos lo saben”.

-¿Y si la magia existe, entonces los duendes existen?

“Si usted cree en los duendes, los duendes existen, si no cree, no. Tan sencillo como eso.”

-¿Usted los ha visto?

“De niña, sí; de mayor, no, sino más bien fantasmas”.

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