
La intervención el pasado martes de la primera ministra británica, Theresa May, para explicar su plan para llevar a cabo el brexit, dejó aún más inquietos a los europeos que residen en el Reino Unido, entre ellos a los canarios. Y es que, por si había alguna duda, May dejó bien claro que habrá un brexit duro. Que Reino Unido abandonará el mercado común para recuperar el control de sus fronteras y que, una vez que se produzca la salida formal del país de la Unión Europea (UE), negociará acuerdos de libre comercio país a país. Tal y como ha venido informando DIARIO DE AVISOS, entre los canarios que trabajan y residen en el Reino Unido, cunde el temor de que las empresas los incluyan en las listas negras del brexit, lo que supondría el riesgo de tener que irse, tarde o temprado del país, si no lo desmienten los hechos.
Desde luego, es un mal comienzo empezar las negociaciones intentando saltarse uno de los principios fundamentales de la UE: el mercado único, pero la primera ministra intenta suavizarlo argumentando que abandonarlo no significa dejar a un lado los valores europeos. Se aproxima, pues, un proceso negociador muy complejo y tenso, porque May no piensa renunciar a recuperar su política migratoria, sin duda, uno de los motivos fundamentales por los que la mayoría de los británicos se inclinaron por el brexit. Pero la inmigración que realmente preocupa a los británicos no es la que procede de Europa. Olmo López de la Paz, informático canario residente ahora en Edimburgo (Escocia), explica que lo que ha preocupado siempre a los británicos es la gran inmigración que tienen procedente de India y Pakistán, no tanto la europea. “En realidad, esta campaña en contra de los europeos no se produce por el brexit. Es una constante en Reino Unido”, precisa Olmo. “De hecho, cuando haces una entrevista de trabajo te preguntan siempre tu país de origen o, incluso, si piensas tener hijos, preguntas que en España pueden considerarse hasta ilegales”. De todas formas, teniendo en cuenta que sería un despropósito dejar entrar a una persona en un país dependiendo de su lugar de origen, para la UE las cuatro libertades de la Unión (personas, mercancías, capitales y servicios) son “innegociables”.
NEGOCIACIÓN
Javier Marrero, economista y profesor de Finanzas Internacionales en la Universidad Europea de Canarias (UEC), explicó que Reino Unido no va a renunciar al talento. “Si necesitan ingenieros, traerán ingenieros. Si necesitan médicos, traerán médicos. Lo que buscan en cierta forma es inmigración de calidad, y de lo que huyen es de los europeos que llegan al país que normalmente trabajan en el sector servicios y, sobre todo, con la intención de aprender el idioma”. Marrero vaticinó unas negociaciones “tremendamente duras que acabarán con el pitido de fin de partido”, aunque reconoció que “es bien conocida la capacidad negociadora de los británicos”.
Tanto Reino Unido como la UE se juegan mucho. “Europa no puede permitirse el lujo de rebajar las condiciones, porque hay muchos países esperando a ver qué ocurre con estas negociaciones para hacer lo mismo”. “Por otro lado”, continuó, “los británicos harán lo que haga falta para que Reino Unido salga adelante. Lo dijo May en su discurso: es mejor que no haya acuerdo a que haya uno malo”. Prueba de ello, es la intención de facilitar la entrada de empresas en el país (una vez completado el proceso de salida) en condiciones fiscales atractivas. Una especie de paraíso fiscal que, evidentemente, supondría un enorme atractivo para empresas europeas.
En cuanto a los intereses de España, “no nos viene tan mal”, apunta Marrero. Reino Unido es un país que exporta más que importa. Es un “socio estratégico”. El 1% del PIB es por el comercio de Reino Unido, “por lo que mantener un acuerdo de comercio con May no es tan descabellado para nuestro país. Igual que Alemania, por ejemplo”. “Si encima May impone unas condiciones fiscales ventajosas, sería muy difícil que no hubiera negociaciones paralelas fuera del entorno de la UE”.
LO QUE NO SE HA CONTADO
Aun así, hay muchas cosas que Theresa May no ha contado. Por ejemplo, qué piensa hacer en el caso de que el Parlamento británico rechace el acuerdo firmado por Bruselas, o cómo va a controlar exactamente la inmigración, ya que parece que los trabajadores “altamente cualificados” estarán exentos de estos controles. Pero esto es para el caso de aquellos que quieran entrar en el Reino Unido. ¿Y qué pasa con aquellos europeos que llevan ya años residiendo en territorio británico?
Esta es la situación de Olmo López, que a sus 32 años ha recorrido ya medio mundo y que, después de residir en varias ciudades inglesas y en Dublín, vive en Edimburgo desde 2009. “Me preocupa mucho todo lo que está ocurriendo y la radicalización y el racismo de los discursos, no solo en Reino Unido, sino también en Rusia, EE.UU. o Francia”. Olmo es informático en una empresa de comunicación, TVsquared, y hasta el momento no ha tenido ningún problema ni conoce a gente que lo haya tenido. “Sí es cierto que las entrevistas laborales aquí son distintas y se preocupan mucho de tu país de origen y de lo qué vienes a hacer a su país, pero son cuestiones ya normalizadas”, apostilla. Lo que más le molesta a Olmo y a sus amigos españoles es que, después de tantos años en el país, “pagando una hipoteca y los impuestos y contribuyendo a la riqueza del Reino Unido, ahora me digan que no tengo los mismos derechos que ellos. El que viene normalmente a trabajar y a aprender inglés, después se va. No se queda. Todos mis amigos tienen sus trabajos y su vida aquí. Uno tiene dos clínicas dentales y otro es informático en una multinacional. Que me digan a mí que no contribuyen a la riqueza del país…”. Olmo asegura que después de cinco años en Reino Unido ya puede pedir la nacionalidad, pero afirma que, por el momento, no lo hará, puesto que si se la niegan se tiene que marchar. Esta opción le da la posibilidad de poder votar. Se declara “antinacionalista”, porque cree que no hay que ponerle puertas al campo, sino todo lo contrario. “Pero con todo esto, y si Escocia, que quiere continuar en la UE, plantea independizarse, votaré que sí”. Olmo asegura que su empresa, por lo pronto, no se ha dirigido a él ni lo han apuntado en ninguna lista, como sí le ocurrió hace un par de semanas a otro canario residente en Bristol, cuya madre denunció en DIARIO DE AVISOS que a su hijo ya lo habían apuntado en una lista como europeo. Hay que recordar que Theresa May ha dicho que aquellas empresas que tengan contratados a empleados europeos tendrán que pagar un impuesto. Otro anuncio que May tendrá que explicar y, sobre todo, justificar en la mesa de negociación con la UE.
Son muchas las medias verdades que se han dicho antes y durante el brexit. Entre las consecuencias más inmediatas, además de la tormenta política que provoca en el seno de la Unión Europea, el hundimiento de la libra y el renacimiento de los nacionalismos, hay que sumar la incertidumbre de las empresas españolas instaladas en tierra británica y de los españoles que viven allí.
Otro de los aspectos que, inicialmente, preocupó mucho, especialmente al Gobierno canario y a los empresarios turísticos, es la afección al turismo. Hay que tener en cuenta que el mercado británico es el primero en visitantes de Tenerife. Por el momento, existe calma, aunque las contrataciones de ahora ya estaban antes del referéndum. El propio Gobierno ha creado una comisión para estudiar las posibles consecuencias de cara a la próxima temporada de invierno.
LOS BRITÁNICOS RESIDENTES EN ESPAÑA TENDRÁN QUE PAGAR LA SANIDAD
En todo este entramado no se ha tenido muy en cuenta la situación en la que se van a quedar los británicos que residen en España. Hay cerca de 62.000 ciudadanos del Reino Unido que viven en nuestro país. Unos trabajando, otros estudiando. Al igual que un español que resida en Reino Unido, si llevan en suelo español más de cinco años, podrán solicitar la nacionalidad. Entre muchas de las cosas que van a cambiar para estos ciudadanos británicos figura que, al no ser de la UE, tendrán que pagar la sanidad n
