Mario susurra sin respiro en el velatorio del socialismo canario, ronronea una letanía de frases precocinadas, lugares comunes, adjetivos gruesos pero inocuos, eslóganes de corta-pega y un rosario de circunloquios que le permitan cubrir el expediente. A su lado, rodeando el féretro, las cármenes del socialismo local sienten que el cadáver se ha movido, y no. En el afán de que no se perciba la parálisis que atenaza al partido se fajan descalificando al presidente, palabras que se lleva el viento pintadas en su voz.
Mario Jiménez ha venido a Canarias a dejar claro que la jefatura decreta que a los socialistas de ultramar se les aplique la doctrina del ¡No es no! La gestora que acabó con Pedro impone en las Islas la tesis de Sánchez: ¡Con el PP no es no! (¿cómo no van a tener una crisis de identidad militantes, simpatizantes o cargos orgánicos si el susanismo les exige que argumenten o actúen como pedrosanchistas?). Mario exige al PP que verifique su posición, obviando que es a los socialistas a quienes está lastrando la imposibilidad de verificar la propia. Mario pide al PP que diga si con Coalición o por el cambio, y acto seguido anuncia que si les da el punto de apostar por el cambio que no cuenten con el PSOE, echando así al PP en brazos de Coalición. Recalca que no piensan gobernar Canarias con los populares, o lo que es lo mismo, que no piensan gobernar, a secas. El portavoz de la gestora ha intentado aparentar iniciativa para que no se note que han perdido la iniciativa. Refugiarse en que los tiempos del PSOE los marca el PSOE es poético pero vulnerable cuando son otros los que controlan los tiempos. Cinco minutos con Mario Jiménez han bastado para que, sentadas en el velatorio, las cármenes del socialismo canario visualicen una larga travesía por el desierto.

