Sería un bombazo que este periódico invitara a participar en uno de sus foros al juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, famoso por sus sentencias ejemplares y su gran dedicación a su profesión. El magistrado acaba de condenar a un chico que robó en una peluquería un secador y unos cientos de euros, y que al parecer tenía aficiones de fígaro, a seguir un curso de estilismo con aprovechamiento y a ser examinado en el próximo mes de junio. ¿Y cómo va a ser examinado? Pues arreglándole el pelo al propio juez, que se brinda como voluntario, y demostrando sus conocimientos de peluquería sobre la cabeza del hombre que lo ha condenado. Si no lo hace bien, a juicio de sus profesores, lo condenará por el robo a las 100 horas de servicios a la comunidad que le pide el fiscal.
Las sentencias del juez Calatayud son, para mí, extraordinarias, aunque él les quita importancia diciendo que muchos compañeros suyos también las dictan, aunque parece que a la prensa le gustan más las suyas. Lo cierto es que a mí me encantaría asistir a una charla de este hombre en un foro del periódico, que atraería a muchísima gente. Ojalá todos los jueces de España tuvieran la humanidad y fueran tan justos como Calatayud, que pudiendo haber ascendido a un tribunal superior, o quizá al Tribunal Supremo, sigue como juez de Menores de Granada, donde realiza una labor extraordinaria y donde es un ejemplo a la hora de aplicar la justicia de una manera práctica y ejemplarizante. He leído la noticia en un periódico y ha aumentado mi admiración hacia este juez, al que sigo desde hace mucho tiempo. Y para mí, que soy un descreído de la justicia que se practica en España, confiar en alguien del sector me reconforta. Emilio Calatayud me ha vuelto a demostrar que es un crack en su profesión.
